Debemos saber que la media naranja no existe. Pero sí que hay rasgos que nos seducen más que otros y que son recurrente en algunas personas que nos enamoran. Lo primero que uno ve es la atracción sensual que nos provoca. Cuando conocemos a esa persona se produce en nosotros reacciones biológicas y físicas. Ese primer contacto nos dice de inmediato si la persona que acabamos de conocer, estrecha su mano o mira fijamente, viendo si es un compañero potencial o no, al margen de este deseo biológico, hay una elaboración más detallada de lo que nos lleva a elegir a uno y no a otros.

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Nos guiamos por estos criterios al momento de elegir una pareja, en este orden:

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  • Carácter
  • Físico
  • Filosofía de vida
  • Según pasan los años

No es igual buscar una pareja en la adolescencia, en la juventud, a los 30, a los 50 o en la tercera edad, mientras va pasando el tiempo nuestras exigencias van cambiando y moldeándose a lo que queremos a esa edad. El adolescente suele buscar una pareja en donde se sienta cómodo entre ellos, una etapa de aprendizaje. Aquí no importa el estatus económico o rol social.

La primera juventud, entre los 20 y los 30 años, el aprendizaje se mantendrá el resto de nuestra vida, pero la experiencia es mayor y comenzamos a saber lo que no queremos. Aquí buscamos una pareja viable como reproductor. Aun sin pensar en querer hijos, nuestra biología nos lleva a sentirnos atraídos por este aspecto en el otro. Buscando ellas un margen de preferencia erótica, un éxito social en los varones.  Ellos buscarán que las mujeres sean atractivas, un caudal de ternura, cuando uno se encuentra en los 40 los factores son totalmente distintos. Buscando a alguien con un deseo de amar, disfrutar y compartir. Como nuestros intereses cambian y hemos crecido, a veces la pareja que nos pareció perfecta a los 20 e incluso a los 30, ya no lo es ahora que estamos más grandes.

¿Se atraen los polos opuestos?

Se entiende que los polos opuestos se atraen porque se complementan, pero no es totalmente cierto. Puede que en principio pueda resultar atraerte alguien opuesto a ti, pero al paso del tiempo la rutina diaria se hace muy difícil. Como si dos personas tiraran e una cuerda en direcciones opuestas. No encuentran un camino en común, porque tienen ideas muy distintas. Puede también uno adaptarse a su pareja para complacerla, pero estaría yendo contra su personalidad. Ninguno de los dos disfruta de una relación feliz.

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¿Dos veces con la misma piedra?

Los seres humanos somos muy repetitivos, solemos darle importancia a las características y sensaciones que nos satisfacen en un momento, repitiéndolo otra vez. Con el amor también es igual, así nos hayan roto el corazón solemos regresar con ese mismo patrón. Un error que debemos evitar de cometerlo.