Después de aferrarse dolorosamente al amor, es preferible marcharse cuando nos damos cuenta que ese amor no es correspondido, o en su defecto, no es devuelto con la misma intensidad y pasión que lo damos, porque eso no es lo que merecemos, ni mucho menos lo que queremos.

Es entonces, cuando lo mejor es cerrar definitivamente todo aquello a lo que una vez le abrimos la puerta y dejamos entrar con toda confianza. Y es que se aprovecharon de nuestra alma bondadosa, de nuestro espíritu noble, nuestros sentimientos pulcros, y nuestro corazón amoroso.
Solo quisieron entrar para aprovecharse de todo eso, y manejarnos a su conveniencia, con ciertos intereses de por medio.
Y a pesar de darse cuenta de nuestra independencia y compleja personalidad, aun así, decidieron entrar y conocernos, y sin alguna invitación se hospedaron sin hacer más preguntas, pero el error fue lo que permitimos, aunque quizás no fue un error, solo fue un aprendizaje.
Sigilosamente, con mucha precaución, cautela y una gota de astucia se fueron ganando nuestra confianza, entrando poco a poco hasta que sin arrepentimiento alguno lo dejamos pasar hasta lo más profundo de nuestro ser, de nuestra alma, a nuestra gloria.

Se colaron como el agua entre los dedos y nuestras dulces bocas se juntaron para robarnos esos millones de besos. Y como buen inquilino, y para terminar con broche de oro, terminaron entrando en nuestro corazón, el que hasta el sol de hoy sigue llorando solo por dentro.
Pero, todo llego a su fin. Hay que tomar una decisión por la salud de todos, sobre todo la propia.
Fue suficiente, dar tanto y abrir tantas puertas cuando no se obtuvo lo mismo, es entonces preferir dejarte ir, echar afuera tal como un intruso que no tiene derecho de disfrutar lo que por muchas veces dimos sin titubear, sin reprochar ni poner objeciones. Ya nuestra disposición llego a su punto máximo de caducidad, venció para siempre.

Cerramos definitivamente cualquier acceso. Incluso aquel en el que, si no pondremos en duda ni discutiremos capacidad corporal, más por educación que por respeto. Eso no lo es todo, pues necesitamos mucho más.