No sucumbir al dolor, no es un asunto de orgullo, sino de control e inteligencia emocional. Quien logra mantener la frente en alto incluso cuando su mente está hundida en los recuerdos más dolorosos, es una persona que sabe a donde moverá sus pies y que podrá seguir adelante, incluso, cuando el recuerdo intente desenfocar su destino.
Porque el pasado es algo que se debe aceptar como una parte dolorosa de nuestra vida, pero lo que no se debe aceptar, es quedarse a vivir en ese dolor, en ese instante, y hay darse el tiempo para tomar impulso y seguir adelante, hacia donde el destino quiere llevarnos, o hacia donde tú prefieras dirigirte.
Creas o no en el destino, el tema acá es aceptar al pasado como un libro ya leído, el cual dejó experiencias pero que ya no se vive y que, en caso de volverlo a leer, sea solamente para refrescar nuestra memoria y recordarnos, porque debemos o no debemos actuar de ciertas maneras.
Así que, no demuestres a nadie que no te ame qué tan destrozado estés por dentro, porque la gente está llena de malas intenciones y pueden aprovechar tus debilidades. No les de ni una pizca de razón para que crean que pueden manipularte. Mantén el control de tu vida y tus emociones que, en un mundo de superficialidades, el control de las emociones es lo más atractivo que existe.