A pesar de que todos estamos capacitados para resolver los distintos conflictos o situaciones que se nos generen en nuestra vida, pedir ayuda para resolver alguno de ellos no es sinónimo de debilidad, todo lo contrario, tiene mucho que ver con la inteligencia de aceptar que necesitamos de alguien para que las cosas marchen mejor o sean un poco más fáciles de resolver.
Solicitar ayuda no se excluye del abanico de opciones que podemos utilizar como recursos para superar cualquier inconveniente. Sin embargo, para muchas personas que están acostumbradas a ser independientes y autosuficientes, puede resultar un poco difícil, puesto que muchas ideas alrededor del hecho rondan con frecuencia, como, por ejemplo:
- No ser capaces de resolver los conflictos propios.
- Perecer perdedores delante de los demás.
- No los tomaran en serio en un futuro.
- Reflejar una posible imagen de irresponsables.
- Ser tildados de dejados o de cómodos.
- Pueden pensar que se buscan las salidas sencillas y la facilidad.
En fin, son tantas las ideas que se pueden originar en torno a ello, bien sea por simple imaginación o que se conviertan en realidad, pero, la verdad es que el solo hecho de pensar todas estas cosas solo refleja la importancia que se le da a lo que opinen los demás de nosotros, en lugar de abrir espacio para dejar entrar lo que del otro nos puede sumar en un momento determinado.
Es cierto que hay personas que no pierden tiempo para juzgar y criticar la vida de los demás y realmente disfrutan cuando alguien a su alrededor sufre un tropiezo o mejor aún, una caída, también es necesario resaltar que muchas personas están dispuestas a ayudar, inclusive de manera desinteresada.
Reconocer que algo se nos escapa de nuestra posibilidad de solución, nos habla de humildad. Ciertamente hay situaciones en las que no necesitamos decir nada para recibir una ayuda o un apoyo, sin embargo, en muchas ocasiones, tendremos que manifestar con claridad lo que creemos necesitar.
No perderemos nada con ello, por el contrario, ganaremos recursos valiosos, tiempo y energía, que podremos dedicar a una fase más adelantada del proceso, a la cual se nos complicaría llegar si no pedimos una ayuda de forma oportuna.
Inclusive, hay personas que se niegan a acudir a una terapia o asesoría personalizada, argumentando que nadie conoce mejor sus vidas que ellos, que no están locos, que no necesitan que alguien que quizás no puede manejar ni su propia vida, les diga qué hacer.
Pero, la verdad es que no toman en consideración que quizás solo necesiten que otra persona le preste sus ojos para verse a sí mismo desde otra perspectiva, quizás solo necesitan que alguien le ayude a quitar un simple velo, o que le muestre dónde tiene guardadas todas las herramientas que necesita para resolver un conflicto.