Me encargaré que no quede marca en tu alma de aquellas cicatrices que los idiotas a quienes entregaste el corazón, se dedicaron a crear con engaños y desilusiones.
Me esforzaré por quitarte el “todos son iguales” de tu boca y mente. Incluso, si lo nuestro no funciona, me encargaré de que mi recuerdo sea bueno para no opacar todo lo que he hecho, borrando esas viejas heridas en tu corazón.
No pretendo ser salvador, pero sí un pilar donde puedas apoyarte a descansar de todo lo que te atormenta. No preguntaré sobre tus antiguos amantes, y me limitaré a oírte cuando por ti misma te dé por hablar de ellos.
No celaré un pasado que te hace daño, envidiaré el futuro incierto donde quizá no esté a tu lado, pues no soy adivino y me aterra no aparecer en las fotos que veas en 50 años, añorando los días de antaño y contando a tus nietos sobre tus viejos amores.
Te mostraré que no todas las puertas abren del mismo modo y que detrás de una se esconde algo distinto a lo que dejaste atrás.
Me encargaré de que cada beso que te dé, sustituya una marca en tu alma y piel. Me dedicaré a poner la huella de mis labios en cada uno de tus lunares como si se tratase de un astronauta. Y navegaré a través de ellos a cortos pasos para disfrutar el paisaje. Y todo esto no con el propósito de disfrutar la carne y el deseo, sino de poder hacer que cada paso se marque profundamente, atraviese la piel y te llegue al corazón, porque solo así, mis besos y caricias, podrán borrar todos tus malos recuerdos.