Incluso cuando vi tus peores defectos, esos que ni siquiera tú soportabas.
Incluso cuando me pediste que me fuera pues creíste que eras muy miserable para mí.
Incluso cuando sentiste no merecerme.
Incluso ahí, decidí quedarme.

Porque, si no te amara no hubiese reconocido que, al igual que otro ser humano, posee defectos.
Si no te quisiera como lo hago, no entendería que tus virtudes son más grande que cualquiera de esos males de los cuales prefieres no hablar.
Si no te adorase como lo hago, quizá no viese la perfección que vislumbra entre tus errores, pero que, incluso en medio de la confusión, sé que está ahí.
Porque si me hubiese ido a la primera que dejaste notar tu impaciencia, mal carácter cuando estabas estresada y malcriadez, si me hubiese ido cuando dejaste notar tu intolerable forma de auto-criticarte, si me hubiese ido cuando me pediste que nos diésemos un tiempo para que me diese cuenta de si de verdad quería estar contigo, entonces nunca hubiese conocido la mejor versión de ti.
Porque solo los que se quedan a mirar más allá de los defectos del ser amado son los que pueden ver las virtudes de un corazón que se te es entregado.
Y hoy, nadie da un latido sin esperar dos a cambio, pero tú… Tú has dado tantos por mí que no sé como pagártelos. Por ello, te agradezco y te amo con cada defecto que ni te afecta y cada conducta que ni siquiera tu toleras.
Te quiero así, desprovista de la divinidad de Diosa que tanto aclamas y deseas tener pero que nunca se te dará pues eres humana. Y te quiero así, de carne y hueso, pero con el alma.