La primera vez que estuve con alguien fue cuando tenía 14 años, estuve con él sólo por querer probar esa sensación de tener una relación y he seguido así hasta el día de hoy que tengo 25 años. Ni un momento sola, no me acostumbraba a estar sin esa persona, pensando que mi felicidad sólo se debía a tener a alguien al lado mío.
Me olvidé completamente de ser feliz sola. Siempre buscaba a alguien más, no me di la oportunidad real de disfrutar mi propia compañía.
No sólo era poco sano, si no que se veía tan patético, tan desesperada de querer estar con alguien para sentirme bien, volviéndome independiente de los demás. Sin darme valor a poder hacerme feliz por mi cuenta.
Aunque me costó mucho trabajo, comprendí que la felicidad no es estar con alguien y menos cuando esa compañía te hace sentir vacía. Llegas en un momento que deseas que cualquier persona esté contigo, sin importar si siente amor por ti. Lo malo, que al largo lo sientes y comienzas a sentirte mal.

Aprendí esta lección por una última ruptura que tuve y porque también me encontraba cansada de buscar de compartir con alguien que ni siquiera quiero. Con esta última persona sólo estaba para no sentirme sola, desdichada. Pero al estar con él me sentía mucho más desdichada, haciéndome valorar mi libertad.
Cuando paso la tristeza, pude verme de una perspectiva distinta. Descubrí lo bella, divertida y amable que puedo ser cuando soy mi prioridad. Comencé a darme cuenta que soy una mejor persona cuando me preocupo por mí, porque comienzo a tratar a los demás como me gustaría que me tratasen.
Además, tengo más tiempo para hacer lo que verdaderamente me gusta, comienzo a planear nuevos proyectos. Comienzo a sentirme más viva, invencible que puedo lograrlo todo. Hoy me siento bien y feliz porque sé que la felicidad va mucho más allá de estar con una persona. Ahora mi tiempo se encuentra invertido de la mejor manera, en mí.