La ansiedad al igual que otros malestares físicos, nos llaman la atención de problemas más profundos que debemos solucionar.

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Se puede manifestar en cualquier persona debido a estados de presión, problemas, situaciones conflictivas, estrés, o procesos emocionales que no podemos solucionar.

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La ansiedad varía de una persona a otra y depende de cómo afronta los problemas y situaciones difíciles cada quien determina que tratamiento se debe aplicar en cada caso.

La ansiedad como sistema de alarma.

Una persona ansiosa puede sentir los mismos síntomas de un infarto, paro respiratorio o derrame cerebral, lo que genera más angustia en la persona.

Muchas veces la ansiedad suele ser de alguna manera subestimada ya que no suele ser asociada a carencias o necesidades espirituales y emocionales importantes.

Lo que sí es cierto es que la ansiedad es un detonador que en nuestro interior necesitamos urgentemente atención.

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Generalmente  pasamos por alto los insomnios, tic nervioso, tensiones musculares que nos venía avisando que algo está pasando en nuestro interior, etc.

La ansiedad no es más que eso: una señal de alarma que nos llama la atención.

Debemos revisar y nunca descuidar nuestra salud interior, nuestra salud espiritual, que es tan importante y tan ignorada constantemente.

Acumulamos culpas, miedos, y rencores; nos aferramos al pasado y no le damos la entrada a lo nuevo.

Debemos trabajar desde nuestro interior, conéctate contigo mismo, guarda un espacio solo para ti, consiente esa parte espiritual que tenías dormida y agradece a tu cuerpo el extraordinario trabajo de recordarte que eres único, valioso y debes amarte.

Es hora de darle un parado a la ansiedad y no dejarla como un simple detalle que nos pasa en el cuerpo, eso es más de lo que aparenta.

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Honra tu cuerpo físico y también tu alma, para que encuentres ese punto de equilibrio que te hará ser espiritual y físicamente sano, y mejor aún: feliz.