Acariciar el alma es nacer en el otro. Los que saben de amar, saben que la piel, la carne y los huesos cualquiera los puede tocar, pero hace falta mucho esfuerzo y valorización para alcanzar el espíritu. Es quien logra llegar ahí, que logra quedarse más allá del tiempo, pues la piel, la materia en general, se deteriora y muere, pero lo inmaterial, el espíritu, la esencia, es eso lo que perdura más allá del tiempo.
Piénsalo bien, ¿Quién logra llegar realmente a tu alma? ¿Con cuánta frecuencia sucede eso? Posiblemente muy pocas veces, y es que entrar al alma ajena no es tarea fácil. Uno no da el corazón a cualquiera que te prometa la luna y las estrellas, sino a quien demuestra que te puede llevar a ellas sin tan siquiera tocarte la piel.
Pero, eso no será posible hasta que decidas liberar tu alma de los miedos, rencores o incertidumbres que tengas hacia quien intenta conquistarte. Debemos buscar a alguien que no solo nos diga cuanto nos desea. Debemos buscar a alguien que nos apapache tanto que nuestros miedos logren desaparecer.
En la lengua Náhuatl, de una tribu indígena mexicana, la palabra “apapachar” significa “Acariciar el alma”. Por ello, busca quien te apapache, no alguien que solo le interese tocarte la piel, porque eso cualquier puede hacerlo.
Es en el alma donde los principios básicos del hombre nacen. Amar, sobrevivir, ser feliz, respirar, pensar, son principios básicos. Cuando logramos alcanzar a la fuente de los principios básicos de otro, podemos decir que hemos conectado el alma. Es un evento único y que sucede poco, pero que cuando pasa, difícilmente acaba pues lo que une a dos almas no es el deseo, sino las ganas de vivir uno al lado del otro hasta el final de los días.