Amamos cuando la otra persona nos despierta el sentido de la preocupación. Esa parte que aclama por cuidarle se alerta y es inevitable no pedirle que por favor, nos avise cuando llegue a su casa con un mensaje o una llamada.
Es como si nuestro instinto protector, apuntase siempre al bienestar de esa persona que nos alegra todos los días. Por eso, más que un te quiero, amar es un “te cuido”.
Amar es un “te extraño”, un “me haces falta” y un “Por favor, ten cuidado”.
Amar es una decisión en la que decidimos darle la mayor de las importancias al otro y donde el corazón queda a merced de las manos ajenas.
Amar son muchas cosas que superan con creces a todos los te quiero.
Es por eso que, cuando tratamos de expresar lo mucho que amamos a alguien, sentimos que los “te amo” ni siquiera alcanza. Tenemos una sensación de que en el pecho hay tantas cosas que es imposible transformarlas en palabras y darles forma de verbo. Por eso, cuando sientas que no puedes decir todo lo que sientes, es porque estás amando.
Y si te preguntan ¿Por qué le amas? Y puedes responder, quizá no le ames lo suficiente.
Quizá te falta amarla más, porque el amor verdadero, ese que nace de las entrañas, es indescriptible y no conoce de motivos ni razones. Solo aparece y nace en la esencia de lo que la otra persona es, y es por eso, que no podemos definir por qué o cómo amamos a otra persona… Solo nos podemos conformar con un “Siempre estaré a tu lado”, un “Cuídate mucho por favor”, o un, “Nunca te vayas”.