Las personas tendemos a aferrarnos a todo, a nuestros amigos, parejas, a las situaciones y a nuestra cotidianeidad. 

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Generamos una tendencia hacia el apego y la propiedad, que con el tiempo es el responsable de la mayor parte de nuestro sufrimiento.

Enfrentamos un constante sentimiento de ansiedad y angustia de perder lo que tenemos, es algo natural del ser humano que nos guía a retener y perpetuar cosas en nuestras vidas que finalmente se esfumarán.

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No son nuestras ganancias y metas cumplidas las que nos generan dolor y miedo, así como tampoco los vínculos que creamos con las personas durante nuestra vida, sino que es la preocupación contante de perderlas.

Por esto debemos poner en práctica el soltar las cosas materiales que tengamos y comprender que las circunstancias y las personas no son eternas en nuestras vidas, sin importar cuán alto sea el nivel que alcancemos en la sociedad.

Hay que recordar que por mucho que amemos a alguien no es de nosotros, y también que lo que se irá con nosotros a la tumba será todo lo vivido, y no lo material que pudimos llegar a tener.

Es hora de empezar a disfrutar tu día a día, aprecia lo que tienes y no desperdicies la oportunidad de aprender cada vez más, proyecta tus saberes a aquellos que lo necesiten, se compasivo, amable, modesto y concéntrate en hacer el bien.

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Recuerda que todo lo material hoy está y mañana ya no, al igual que las personas, por lo que tenemos que gozar cada segundo que tengamos junto a ellas y no dar por sentado que siempre habrá una segunda oportunidad.

Si nos aferramos a todo el camino se volverá más arduo. Disfruta a las personas en su momento y no tendrás arrepentimientos.