¿Cuántas veces en tu vida has tenido que decir adiós? No importa, lo esencial es que a lo largo de los ciclos de la vida, es necesario romper ciertos vínculos, aunque eso nos cause dolor y sufrimiento.

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Decir adiós es permitir encontrarte contigo misma y crecer. Por ciertos motivos, algo nos hizo alejarnos de nuestra esencia inquebrantable, nuestra búsqueda de la felicidad y nuestra libertad emocional.

En realidad, podemos decir que la propia despedida en sí, no lastima tanto como el aguantarse las ganas de volver atrás. Es en ese lugar de donde escapamos, donde yace nuestra fortaleza y dignidad abandonadas. Es nuestro trabajo reconstruirla desde 0 o recuperarla.

Nunca te permitas ser débil y correr tras alguien que no te necesita. Si lo haces, el daño lo recibirás tú, y ese daño será profundo y atacará tu propia autoestima mientras le ofreces poder a alguien que tiene en su mano, la llave de tu propia felicidad.

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Tú eres quien debe tener dicha llave, tú quien debe mantener las riendas de tu vida y saber cómo invertir tu tiempo en las cosas que tú consideres importantes. Decir adiós es un acto de valentía, así como lo es el amar.

Romper el vínculo de quien no nos necesita requiere coraje

No ruegues porque la vida fuese más fácil, o porque hubiese una fórmula mágica para desprenderse del desamor. No ruegues por ese tipo de milagros porque ellos son los que te transformar y te convierten en lo que hoy o mañana serás. Son esas malas experiencias las que te hacen madurar y crecer, las que te perfeccionan como ser humano y te ponen a punto y lista para amar y ser amada.

Por ello, agradece a los antiguos amantes de tu pareja, porque ellos hicieron lo mismo con él o ella, la moldearon y la dejaron lista para que el día de mañana, cuando te abrace pueda decir un “te quiero” sincero y sin temor de perderte, porque tendrá plena confianza en su experiencia y en la tuya y sabrá cómo será el rumbo de las cosas.

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Por ello, agradece a esos viejos amores, porque hoy, los “Te amo” que das y recibes, son sinceros y productos del crecimiento de haber podido decir adiós cuando debiste. Un adiós es el cierre de un vínculo importante, para también el inicio de las posibilidades de nuevos ciclos que mañana querrán hacerte feliz, aún cuando sabes que la única que tiene potestad para decidir eso, eres tú.

Finalmente, es importante decir adiós sin rencor. Hay quienes creen que el odio es un impulso para poder desprenderse de esos amores fallidos, pero enlazar una emoción con el pasado, es una manera de aferrarse a ello. Decir adiós y no decir adiós, es una manera de verlo, pues al despedirnos, dejamos una parte de nuestra mente afianzada a la idea de sentir algo por el ese pasado.