Las personas, o al menos, la calidad de ellos, se mide por lo que duelen o por lo que alegran. Debemos alejarnos de todas esas duelen mucho porque no valen nada. Evitemos caer en el círculo vicioso de darle una oportunidad al “ver qué pasará “, al, “quizá luego cambie”. Recuerda que el tiempo apremia y es corto, resumido y breve para una persona que ama y anhela vivir feliz.
Debemos construir nuestro propio cielo en la tierra porque luego no sabemos si habrá oportunidad de ello. Así que no perdamos tiempo dejando entrar a personas que hieren y hacen daño a nuestro pedacito de cielo.
Ofrezcamos entradas limitadas, de esas que se ganan con esfuerzo y empeño, porque quien quiera ser parte del cielo que hoy construyes, deberá demostrar con acciones que de verdad quiere estar en tu paraíso.
Que no nos tiemble la voz ni el pulso para decir “No”, porque lo que está en juego es la integridad de tu felicidad. No dudes en alejar a quien no supo valorarte en su momento y no niegues un espacio en tu corazón para quien te ha demostrado que se desvive por entrar a él.