¿Acaso nadie se da cuenta que el amor es delicado y se evapora como agua cuando olvidamos meterlo dentro del pecho para que el sol no se lo lleve?
¿Es tan difícil darse cuenta que los humanos quizá tenemos una fecha de caducidad en nuestras ganas de amar y que, de no aprovechar mientras aún nos sirve el corazón, probablemente nunca podamos ser queridos de verdad?
Debemos dejar de ir tirando piedras a la suerte y pretender que los corazones no se cansan de gritar e insistir cuando alguien les enamora y luego los deja tirado en el suelo. Los corazones tienen vida y hay darles de comer. Hay que darles oxígeno y hay que darle, sobre cualquier otra cosa, aspiraciones sustentadas en hechos, no en promesas que nunca se van a cumplir.
Por ello, si quieres enamorar a un corazón, no le dejes bajo el sol pues su amor se evapora y, cuando ya no esté, sabrás lo mucho que perdiste porque te darás cuenta que cada amor es único y valioso.
Cuida el amor que tienes hoy.
Cuida el amor que te ofrece un mañana.
Cuida el amor que conociste ayer.
Porque quizá, ese sea el último de tus amores.