Es una realidad de vida que muchas cosas están a nuestro total control pero hay otras de las que no tenemos la más mínima certidumbre. “¿Qué pasará el día de mañana? ¿Qué depara el futuro? ¿Todo saldrá mejor o saldrá peor?” son algunas de las preguntas típicas que se hacen aquellos que no pueden lidiar con la no certeza, lo cual les provoca una profunda ansiedad por lo desconocido.
Estas personas pueden sentirse ahogadas con una ansiedad terrible que no les permite vivir. Sin embargo, afortunadamente hay maneras de sobrellevar mejor lo cambiante de la existencia, y esto es a través de la aceptación total de la incertidumbre de la vida.
Esta aceptación pasa por abrazar la incertidumbre como algo real y que no implica una amenaza inminente para nosotros. Esto implica que, cuando entendemos que hay situaciones que no podemos controlar, nos enfocamos más en las que sí podemos y procuramos nadar siempre en la dirección en que fluyan los acontecimientos sin presión ni drama.

El secreto reside en abrazar lo básico y divertirse en la aventura del vivir, sin apoyase en apegos materiales o inmateriales. Una vez que entendemos que lo único tangible y eterno es la mente, lo demás queda fuera de contexto y empezamos a fluir con alegría y bienestar.
Para llegar a este estado, es posible hacerlo a través del apoyo de un especialista de la salud mental o también por la práctica de la meditación o la disciplina Mindfulness o Atención Plena. Todo esto nos permite relajar la mente y disfrutar el aquí y el ahora sin presiones ni tapujos, sólo conectándonos “con lo que es”

¿Sientes miedo? No temas en probarlo. Sus resultados están comprobados por innumerables estudiosos del tema y, entre otras cosas, han arrojado que tienen los mismos efectos en el organismo que los fármacos prescritos para combatir la depresión.
La vida es un viaje en lo que todo lo que pasa tiene una razón y un por qué. Si empezamos a aceptar más y a comprender mejor sus vaivenes, nuestro bienestar aumentará y seremos más felices.