En la vida, pasamos por distintas etapas que nos dejan un aprendizaje, y es con el transcurrir del tiempo que comrendemos porque todo sucedió de esa manera, y que en verdad, la vida nos hace un favor en quitarnos del camino lo que no nos corresponde, incluyendo situaciones, cosas materiales y personas.
Y, a través de esto, compartimos una experiencia contada por una mujer:
“Su risa me robó el corazón desde el primer día. Era el hombre que había soñado, amiguero, detallista y romántico. Muchas ví cómo la trataba, como una reina, cómo le compraba el mejor ramo de flores o se iba temprano de la oficina cuando era una fecha especial. Así fue esa ocasión donde la vida me hizo sentir cuando la persona correcta no es para ti.
Era un líder, tal como el capitán de un barco que soñaba me llevara a recorrer el mundo, a los mejores destinos, que me tratara con amor, con delicadeza, pero que en las noches me haría perder la cabeza con cosas entre él y yo.
Con el traje que llevaba a la oficina dibujaba su silueta, no como actor de cine pero sí como alguien que se cuidaba, uno de esos cuerpos en los que uno se desliza como guante hecho a la medida.
Imaginaba sus manos recorriéndome de pies a cabeza, perdiéndose entre mis piernas y mi pecho, pero simplemente era eso, un sueño como muchos otros, y aunque no me guste aceptarlo, el más imposible de todos.

Un día escuché risas, poco a poco sonaban más fuertes y los vi, eran sus hijos llegando de la escuela. Era su cumpleaños y querían invitarlo a comer, su madre los esperaba en el auto. Lo vi tomarlos de la mano, vi como se le iluminaba su rostro al verlos y pensé que esa mujer era muy afortunada, se había sacado la lotería en el amor.
Era la persona correcta, el hombre perfecto para mi, el que me recordaba lo mejor de mi padre, el que me hacía enloquecer por las noches aunque solo fuera un sueño. Y lo pensé, esforzarme, perseguirlo, darme a desear ¿pero tenía sentido? Quizá pudiera caer, la carne es débil, pero realmente le robaría todo lo que lo hace feliz.
Yo no quería estar con un hombre arrepentido, con alguien que se convirtiera en un monstruo loco por el remordimiento de haberse echado a perder la vida, yo no quería ser blanco de su furia, no quería destruir la idea de él, no quería hacer de piedra su corazón.
Y es que por más que me gustara, había un momento donde podía decidir, un momento donde daba el paso y lo arriesgaba todo por unos minutos en el paraíso o donde no solo destruía su vida y mi vida. Simplemente era un amor prohibido.
Decidí dejarlo pasar, saber que era perfecto pero que no era para mi y tal vez la vida tendría compasión de mí, tal vez me permitiría hacer la vida con alguien como él, tan si quiera como su sombra”.
