Hay amores, que a pesar de que exista una fuerte atracción por ambos, con una comunicación fluida, y esa mirada iluminada al verse, en realidad su destino no es permanecer juntos, simplemente permanecen un tiempo determinando, ese que tienen destinado a vivir, en donde aprenden de la relación, pero, para continuar luego con caminos separados.

Y esto puede suceder, porque una de las partes, no tenga claro el propósito de la relación, no este claro en sus sentimientos, o tenga dudas de la relación, y cuando hay dudas se rompe todo. Su intención es experimentar en esa persona, o probar un “quizás, veremos qué pasa”.
Bien se sabe, que cuando comenzamos una relación, al principio todo es incierto, se está comenzando en algo desconocido, pero que tenemos toda la intención de conocer, y es que, cuando alguien que comienza una relación y busca seriedad, a pesar del miedo y la incertidumbre que pueda existir, siempre hay pronósticos a futuro.
Muy por el contrario de los amores que comienzan sin expectativas, solo con la idea de pasar un rato y divertirse. Estos amores, en definitiva, no están destinados a durar, que queman lo que están destinados a iluminar y ahogan lo que están destinados a nutrir. Son destructivos y desviados, una doble hélice de dolor y placer tan complejos en la naturaleza que no se puede aislar uno del otro sin separar todo.
Son amores con un sueño febril quemado en la parte posterior del otro, una cicatriz permanente, pero que no siempre se podrá recordar correctamente. En donde, una de las partes se encuentra persiguiendo a esos fantasmas de los recuerdos a través de laberintos de callejones sin salida, sin poder escapar del todo con ellos.
Pero, a través del tiempo, se olvida todo, el olor, los besos, las caricias, el aliento, la respiración, y, sobre todo, los sentimientos. Y, es allí, cuando esa “eternidad” llega a su final.

Y es que, en los tramos tranquilos de la noche, ambos sabían que algo no estaba bien, soñaban con nada más que con un futuro que no podían tener, aunque por más que se quisiera o anhelara, no se podía visualizar un futuro con esa persona, ambos, en el fondo sabían que ese mañana, nunca llegaría.