Normalmente cuando amamos y valoramos a una persona, dedicamos todas nuestras energías y recursos en esa persona, le dedicamos desde nuestros pensamientos hasta nuestro propio tiempo, que es una de las cosas totalmente valiosas, puesto que no tenemos ninguna manera de recuperarlo.
Tratamos de hacer sentir bien a ese sujeto, por medio de atenciones, de afecto, de palabras, apoyo, compañía o lo que pensemos que esté a nuestro poder y surja de nuestro corazón, con la finalidad de canalizar nuestro amor y desarrollar aquellas personas que amamos bienestar.
Tristemente la vida está repleta de irregularidades, lo que la hace más desafiante aún, en múltiples ocasiones no amamos a quien nos ama, amamos a quienes no nos ama e incluso amándonos mutuamente no hay verdadera reciprocidad y alguna de los dos sujetos se siente inconforme con respecto a lo que entregan y a lo que recibe.

Cuando empezamos a dudar de nuestras virtudes, cuando sintamos que entregamos sin recibir, cuando una persona ocupa ese espacio prioritario en nuestras vidas y nosotros no somos más que una alternativa, esto puede afectar mucho nuestro propio amor, llegando incluso a hacernos creer que no somos tan valiosos como para que una persona pueda valorarnos aun considerando los esfuerzos que se han hecho.
Debemos hacer una examinación de lo que somos, de que deseamos y lo que merecemos, no parece saludable amar sin correspondencia, esta clase de amor es válido en muchas conexiones afectivas, pero en los lazos de pareja, resulta completamente contraproducente.
Nos debemos sentir que somos merecedores del mejor tipo de amor, que nos amen, que nos protejan, que nos aprecien, si una persona no es capaz de aportar lo mínimo que necesitamos, posiblemente no deba ocupar un lugar en que le hemos dado… ama a la persona que te ama, valora aquellas persona que valora y goza de la capacidad que tienes de crear tu propio círculo afectuoso, considerando que el que no desea dar nada, puede salir gustosamente.