La verdadera pobreza es esa que llevamos en nuestros pensamientos, donde albergamos limitaciones y fomentamos la escasez en la vida de uno mismo. La prosperidad, la cual puede estar relacionada a todo lo que deseamos que podamos medir en ausencia o presencia o en cantidades, por ejemplo: los recursos económicos, amor, salud, amigos… tanto en la pobreza como la riqueza puede utilizarse cualquier cosa a la cual le demos valor.
La pobreza empieza y finaliza en nuestros pensamientos, tenemos múltiples mecanismos para distanciarlas de nuestras vidas, pero también formas de atraerla y mantenerla. Algunas formas, que como introducción te recomendamos descartar de su vida.
“Medios que contraemos pobreza en nuestras vidas”

- Establecer limitaciones a tus capacidades:Una cosa es entender que no contamos con determinados recursos en algún momento y otra es convencernos de que no podemos ser capaces de llevar a cabo una determinada acción. Adquiramos lo que es realmente necesario y lo importante será convencernos de que sí podemos, sin aun comprender bien cómo llegaremos al destino que queremos llegar, es prioritario alimentarnos de que tenemos la capacidad para hacerlo.
- Rodearse de personas que solo restan a nuestras vidas:Hay personas que tienen el arte para descapitalizarnos, de extraer nuestras energía, para sembrarnos desesperanza y solo representan un menos. Debemos evitar este tipo de persona y solo andar con aquellos que nos traen cosas positivas de las cuales nos hace mejorar.
- Ser excesivamente ahorrativos:El ahorro es un recurso que nos ayudarán en alcanzar muchas cosas que queremos. Sin embargo un pensamiento extremadamente ahorrativo, nos conllevara a la idea de escasez, de esa que nos menciona aprovecha de guardar, ya que no sabes si mañana tendrás la oportunidad de realizarlo y de esta forma dudamos de lo que podemos obtener a futuro.
- Ser excesivamente gastivos:Ambos lados nos perjudican, cuando no manejamos nuestros egresos, esencialmente en relación con los ingresos, podemos mirarnos en un déficit que nos cueste trabajo mantener.
- Dedicarnos a lo que no nos gusta:Si dedicamos las energías a lo que no nos gusta, la magia nunca llegara. El caudal de prosperidad se enciende cuando realizamos las cosas a la que amamos, cuando invertimos tiempo en aquello que nos nutre el alma, así no importa si la riqueza va de la mano, el alma propia se siente en una gran plenitud y desde este aspecto todo toma dimensiones relacionadas a la prosperidad.

- No dar o compartir:Cuando somos personas mezquinas, cuando todo lo queremos para uno mismos sin compartir algo que nos importe, no experimentamos al increíble efecto que tiene en nosotros el dar, que no solo genera una satisfacción única, sino que por medio de él sembramos en el universo lo que nos hace recibir mucho más de lo que damos. Sin embargo, no se debe pensar como un negocio, todos debemos aprender a dar y a compartir verdad, ya que el universo siempre percibe las intenciones correctas y en función a ellas nos retribuye, tanto para bien como para mal.
- Esperar que alguien distinto a ti mismo “resuelva tu vida”:Aquí estas diciendo que eres incapaz de valerte por ti mismo y te estarás acostumbrando a depender de otras personas para obtener lo que deseas y desde allí solo obtendrás relaciones de dependencia a tu vida. Tu eres el que debe de conseguir cada una de las cosas que quieres por medio de tus propios recursos, los cuales son infinitos, solo debes convencerte de ello.
- Pensar en pequeño:Cuando tienes sueños pequeños, cuando ya te acostumbras a conformarte, en esa dimensión te acostumbraras a crear. No hay ninguna situación en ello, si de esa magnitud son tus aspiraciones, pero debemos tener en cuenta que a pesar de no necesitar nada, puedes obtener en tu vida todo aquello que gustes.
- Centrarte en lo material:Muchas veces vinculamos la alegría y la serenidad a los ceros de una cuenta, a los activos, entre otros… Y pasamos por el riesgo de desvalorar lo que de verdaderamente define la riqueza, que aunque puede ser algo variable y relativa para cada persona, quienes de verdad la sienten no son claramente los más adinerados, sino los que sienten una gran parte de plenitud, la que sale del corazón y no de los dividendos de las acciones.
Enfócate en lo que realmente quieres y empieza a crear la vida que deseas.