La “Exhortación e instrucción a las hijas”, contenida en su Historia Antigua de México, da cuenta del orden social y la construcción del rol de cada género en el México prehispánico.
Donde cuestiones como el honor, la sabiduría, la honestidad y la obediencia a su esposo daban cuenta del sitio que ocupaban las mujeres en estas sociedades en las que eran apreciadas únicamente por su capacidad de esposas y madres, un papel tradicional que mantenía presente la jerarquía masculina y la reproducía como algo deseable.

Aquí, presentamos un resumen de ocho (8) consejos que las mujeres aztecas recibían de sus madres:
- “Hija mía le decía yo te parí con dolor, te crié a mis pechos, he procurado educarte con el mayor cuidado, y tu padre te ha pulido como una esmeralda para que parezcas a los ojos de los hombres como una joya engastada en virtudes”.
- “Sé limpia y trabaja en tener bien concertada la casa; sirve el agua de manos a tu marido y haz el pan para la familia. Por donde quiera que vayas ve con mucho recato y mesura, no apresurando el paso ni riéndote con los que encuentres, ni mirando de lado, ni fijando la vista en los que vinieron hacia ti, sino ve tu camino, especialmente si vas acompañada; de esta manera alcanzarás mucha estimación y buen nombre”.
- “Sé muy diligente en hilar, tejer, coser y labrar, porque así serás amada y alcanzarás lo necesario para comer y vestir. No te des demasiado al sueño; huye de la sombra, la frescura y el descanso, porque el regalo enseña pereza y otros vicios”.

- “Nunca prometas hacer lo que no puedes: a nadie burles ni engañes, pues te están viendo los dioses. Vive en paz con todos y a todos ama honestamente y cuerdamente para de que todos seas amada.
- “Atiende a las cosas domésticas y no salgas fácilmente de tu casa ni andes vagando por las calles, el mercado o los caminos; porque en esos lugares encontrarás el daño y la perdición.
Mira que el vicio mata como las hierbas venenosas y que una vez admitido es muy difícil dejarlo. Si yendo por la calle te encontrare algún joven atrevido y se riere contigo, no le correspondas, sino disimula y pasa adelante”.
- “No entres sin justa causa en casa alguna, porque no te levanten alguna calumnia, y lo padezca tu honor; pero si entras en casa de tus parientes salúdalos y con respeto y no te estés mano sobre mano, sino toma luego el huso para hilar y ayúdales en lo que se ofreciere”.
- “Si tu marido te da algún pesar, no le manifiestes tu desazón al tiempo de ordenarte alguna cosa, sino disimula por entonces y después dile mansamente lo que sientes, para que con tu mansedumbre se ablande y excuse el mortificante”.

- “Sigue, hija mía, los consejos que te doy, soy ya grande y tengo bastante experiencia del mundo, soy madre tuya y como tal te he criado y deseo que vivas bien. Fija estos avisos en tus entrañas, que así vivirás alegre y satisfecha”.