Hubo un momento en el cual te aferraste a pensar que de alguna manera todo se iba a solucionar y que ibas a vivir felizmente al lado de la persona que te lastimó. Pero no, esto acabó y llegaste al punto en el que desearías borrar de la memoria a esa persona, pero te pasa exactamente lo contrario, porque de alguna manera se incrustó en tu mente y sencillamente no puedes borrar su nombre del corazón.
Antes de que te des por vencida y sucumbas al anhelo y la añoranza. Antes de que tires tu dignidad al piso y vayas corriendo tras de él como si fuera el último lugar al cual puedes ir para sentirte completamente feliz. Debes recordar estas 7 cosas.

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Acepta que todo ha terminado
Acepta que no hay retorno y que las cenizas deben barrerse. Duele, sí, pero más duele mantenerse aferrado al sentimiento muerto de eso que ya no existe. Es como caer en una relación tóxica contigo misma. Recuerda, acepta, no te resignes, pues resignarse significa sucumbir al sentimiento de añoranza porque sientes que ya no puedes ganarle. Aceptar significa que puedes aceptar que, aunque no esté aquí, puedes vivir plenamente porque tu vida no dependerá de si alguien llega o se va.
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Debes aprender a pensar en otras cosas
Y otras personas. Recuerda que el término de un ciclo significa el inicio de unos nuevos. Así que enfócate en empezar a crear una relación íntima con la personas más importante, tú misma. Una vez que lo hagas, acepta que debes iniciar una relación solo cuando quieras y no cuando lo necesites.
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Cambia una adicción por otra
Las adicciones no son buenas, pero es un buen ejemplo. De cierto modo, uno siente como si estuviese en una especie de adicción cuando está enamorado. Ocupa esa pasión en algo que te apasione solo a ti y enfócate en ello.
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Cuidado con el oso blanco.
“El efecto del oso blanco” es un término psicológico que usan para definir el enorme esfuerzo por sacar a alguien de tu mente pero en realidad terminas solo metiéndolo más en tus recuerdos. No te enfoques en tratar de olvidar, sino terminarás con el oso blanco entre ceja y ceja.
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Corta toda comunicación.
Algunos lo ven como un acto de inmadurez, pero la verdad es que cuando cortas comunicación completa con esa persona, sencillamente estás actuando acorde a la necesidad de tus emociones. Es como cuando te cortas, lo lógico es que retires el cuchillo con el te cortaste del dedo y no que lo dejes pegado a él a ver qué tan profundo llega.
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Perdona y di adiós.
No es lo mismo dar una segunda oportunidad que ofrecer un perdón. Uno perdona para sí mismo, para desprenderse de todos los ligamentos emocionales que se tienen con el pasado, incluyendo los malos pensamientos.
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Acepta que de eso se trata amar.
Algo que no nos dicen los padres es que a veces, amar, duele. Pero la sociedad se enfoca en hacer ver al amor como si fuese un aliado del sufrimiento. No, no funciona de ese modo. El sufrimiento es parte de esas relaciones tóxicas donde se cree que el dolor es parte del paquete y que de afrontarse para estar con la persona que amas.
En realidad no le amas un carajo, solo estás obsesionada con la idea de lo que esa persona fue o puede llegar a ser a tu lado. Amar se trata de aceptar que algunas cosas no salen bien y que cuando eso sucede o lo arreglas o te vas, pero no te quedas a ver como te destruye la vida.