En cualquier punto los ciclos cambian y nos dejan varados en una realidad completamente diferente a la que tomábamos como habitual.

Ads

Y la vida es simplemente así, agridulce. A veces empalagosa y a veces tan amarga que resulta despreciable, pero el quejarnos o aferrarnos al pasado nada cambiará.

Con estas cinco (5) reflexiones podrían cambiarlo todo, desde la perspectiva de vida que:

Ads

No se sufre por amor: Pensar que sufrimos por amor es un error, sufrimos por nuestras expectativas, por suposiciones, por anhelos o por un sin fin de cosas, pero nunca por amor.

Cuando se ama realmente a una persona, se ama y respeta por igual su independencia. Nuestra felicidad no depende de su permanencia, sin embargo, sus logros suman alegría a nuestra vida.

El ser amado es independiente a nosotros, su carácter, ideas y, probablemente, cultura son diferentes a las nuestras. Si amamos a esa persona, nos enriquecemos conociendo el mundo a través de sus ojos.

Ads

Si tenemos miedo de perderle, debemos soltar y ver que la vida sigue con o sin esa persona. Y al final sabremos que es más tortuoso estar al lado de alguien que no tiene nuestras mismas ganas de estar juntos.

Se debe poner atención a lo que el cuerpo pide: El cuerpo es en realidad nuestro verdadero hogar, lo único permanente en este plano. El mismo consta de tres ramas; mente, cuerpo y espíritu, las tres importantes por igual.

Cuando vemos un panorama gris en el exterior, cuando estamos viviendo en el enfado y sin razón, quizás se deba a que nos estamos olvidando de nuestro interior.

Debemos alimentarlo bien, no sólo con un buen régimen alimenticio, sino con aquello que despierte nuestra creatividad, con buena música, cine, literatura. Escuchar nuestras necesidades y atenderlas como una prioridad. Nuestro cuerpo merece todo nuestro amor, cuidados y descanso.

Celebrar nuestro mejor amigo: Aunque pueda venir a la mente otra persona, en realidad nosotros mismos somos nuestro mejor amigo.

Ads

El único que literalmente está en todo momento, en las buenas y en las malas. Reconozcamos nuestra autenticidad, virtudes, los esfuerzos que hacemos día tras día por conseguir nuestros objetivos.

Disfrutemos de nuestra compañía y admiremos nuestros logros, perdemos los errores y reconozcamos que gracias a ellos aprendimos, y el resultado es quién somos hoy en día.

Respetar a los demás no significa dejar de respetarte a sí mismo: Una vez que nos amamos plenamente y descubrimos que nuestra felicidad solo depende de nosotros, podremos reconocer que todo el mundo está en busca de los mismo: ser feliz.

Y todos ellos están en pleno derecho de hacer lo que consideren necesario para lograrlo, si sentimos que eso interfiere con nuestro bienestar, pongamos un alto, pues somos los únicos responsables. Debemos comprender, entender y perdonar, así ganaremos más que la persona que nos ha dañado.

A prender a soltar: Saber que el sufrimiento es natural e inherente a la existencia supone que, como todo, es cíclico; no importa cuánto duela, pasará. Cuidemos de no quitar la vista del presente, pues en este momento existen también oportunidades y personas que están ahí. Reconozcamos su valor y agradezcamos cuanto tenemos.