En la vida no existen reglas para que estés satisfecho con ella, nunca nadie te dirá que tienes que hacer, cómo tienes que vivir ni cómo lograrás ser feliz. Sin embargo, filósofos como Schopenhauer se dieron la tarea de proponer sus propias reglas. Este filósofo pensaba que vivimos en el peor mundo posible y la felicidad es tan solo una ilusión.

  • Evitar la envidia: la envidia es uno de los sentimientos más peligrosos. Estas tan enfocado en la vida y felicidad de los demás que descuidas el hecho de preocuparte o trabajar en la tuya.
  • Desprenderse de los resultados: muchas veces no enfocamos solo en los resultados, en conseguir la meta, pero olvidamos todo el camino que recorrimos para poder llegar hasta allí, por ello cuando obtenemos resultados distintos a los que esperábamos nos encontramos con un sentimiento de fracaso, una profunda decepción.
  • Permitirnos estar alegres: cuando nos sintamos felices no debemos cuestionarnos si tenemos motivos para estarlo. Muchas personas consideran que estar felices cuando otros sufren les provoca un sentimiento de culpabilidad. Aprender a disfrutar del momento es un mecanismo indispensable para la felicidad.
  • Controlar las fantasías: podemos terminar imaginando problemas gigantes o imposibles de resolver o, por el contrario, imaginar éxitos inigualables sin pensar en los pros y los contras. Si todo ese universo de ideas no te sirve para concretar un fin, es mejor controlarlo.   
  • Valorar lo que se tiene: debemos ver lo que tenemos como si alguien nos lo quisiera quitar, ya sea amigos, familia, pareja o hijos. No debemos esperar a perderlos para apreciar lo que eran. Cada día debes agradecer y estar feliz de contar con todo lo que tienes, no solo en lo material.

La felicidad no es un objetivo, es un camino en el que debes invertir tiempo y obtendrás magníficos regalos que te harán reflexionar a diario. Anímate a transitarlo haciendo pequeños cambios en tu vida.