Nos enseñó a no rendirnos nunca, a ser realistas e identificar cuáles son las distintas amenazas que podrían ponernos en riesgo como humanidad: Hawking nos dejó lecciones de vida que son de suma importancia más allá de toda su exitosa carrera científica.
Una persona atea e incansable divulgador de la ciencia ante todo el mundo. Sin duda alguna, Stephen Hawking fue el hombre más brillante durante una buena parte del siglo XX y XXI. No solamente nos enseñó lo que había dentro de un agujero negro ni las posibles maneras de viajar en el tiempo. También nos dejó lecciones de vida que van muchísimo más allá de su labor intelectual. Acá podrás ver las 5 enseñanzas más valiosas que nos dejó el físico británico, el cual partió esta tarde a la edad de 76 años.
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No rendirse nunca

Hawking desde joven, fue diagnosticado con una grave enfermedad degenerativa, esclerosis lateral amiotrófica y a partir de ese momento, cambió todo su panorama sobre la vida y todas sus aspiraciones para siempre. No obstante, nunca se dejó llevar por esto y siguió luchando para alcanzar sus sueños.
Desde ese preciso momento, entendió que debía enfrentar todos los retos que la vida le colocaba con una actitud diferente y a pesar de que su enfermedad le quitó gradualmente la capacidad de caminar, moverse o incluso hablar bien, gracias a eso tuvo la oportunidad de dedicar su tiempo a la investigación sobre lo que de verdad le apasionaba.
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Que no todo se aprende en el colegio
Según los cálculos del físico, durante su estadía en Oxford, invirtió alrededor de 1000 horas al estudio fuera de la clase. Esta cifra cuando se divide entre sus días de universidad, da un total de una hora diaria, un promedio insignificante para lo que se supone que una persona debe estudiar.
Hawking afirmaba que esforzarse al máximo en cada materia, tratando de obtener las mejores calificaciones y leyendo cada texto que se coloca en tus narices, es una real pérdida de tiempo. Lo mejor es dedicarse a lo que más te apasiona, concentrarse en el campo del estudio y tratar de colocar cada enseñanza en práctica, no solamente reflejado en lecturas o miles de hojas.
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A ser realistas

Como un apasionado de la ciencia, Hawking se manejó con el más fuerte escepticismo durante toda la vida. Sabía que su muerte iba a llegar en algún momento y, a pesar de ello, no tenía ningún tipo de evidencia alguna para creer que al final su vida le iba a esperar un ser omnipotente o algo parecido a ello. En su lugar, era un hombre que estaba fielmente agradecido por la vida y la oportunidad de conocer un poco más acerca del universo por medio de la ciencia:
“Cada quien es libre de creer lo que quiera y según mi punto de vista, la explicación más simple es que no hay Dios. Nadie creó el Universo y nadie dirige nuestro destino. Esto me lleva a una profunda realización: probablemente no hay cielo ni vida después de la muerte. Tenemos una única vida para apreciar el gran diseño del Universo y estoy muy agradecido por eso”.
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Las amenazas de nuestro planeta y cómo afrontarlas
Fue un hombre consecuente que mantuvo una fuerte crítica todo el tiempo. Durante sus últimos años, el físico de Cambridge nunca tuvo duda alguna en afirmar una y otra vez en cada presentación que tenía, cuáles eran los riesgos que podían poner en peligro a nuestra civilización. Según sus palabras, la humanidad estaría cerca de una situación apocalíptica que podría ocurrir con 4 hechos completamente distintos, todos provocados por nosotros mismos: calentamiento global, guerra con armas nucleares, nula regulación y control en la creación de la inteligencia artificial.
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El sitio más hermoso de nuestro universo, es la tierra

El lugar en donde apareció la primera molécula orgánica, célula o ser vivo y que, además de ello, se pudo desarrollar en algo tan complejo como la conciencia humana junto con todas las dudad e invenciones fue, sin duda, el lugar favorito de Hawking en todo el universo. La tierra siempre va a ser el punto de partida para una especie que creció a pasos gigantes y pudo entender algunos fenómenos que la rodean, mientras su curiosidad por naturaleza la lleva a pensar qué podría haber muchísimo más allá de las estrellas.
Santa Barbara, California es el sitio que Hawking siempre va a llevar en sus recuerdos, pues su estadía ahí fue completamente feliz junto con su familia antes de que su enfermedad degenerativa le provocara pérdidas motrices.