No sabíamos nada de la vida. Inexpertos, ingenuos y hasta perdidos en un mar de sentimientos. Buscábamos algo en el corazón del otro, como si fuésemos dos rompecabezas añorando consuelo en una pieza faltante. Intentamos hallar respuestas a nuestras más profundas dudas y así fue durante el transcurso de todo eso que llamamos “relación”.
Sin embargo, hoy miro atrás, y no porque te extrañe, sino porque necesito cerrar un ciclo y decirte estas cinco cosas que me carcomen el pecho, porque debí decirlas en un momento especial y porque ese momento nunca llegó.
Gracias:
Te agradezco todo lo que me enseñaste en un beso, una carta, una llamada y cada pequeña o larga conversación. Aprecio mucho esos instantes que estuviste solo para mí. Por alguna razón, eso me hace recordar la primera vez que nos vimos y cruzamos una palabra. Me hace recordar lo que llevabas puesto y el olor de tu perfume. Justo en ese momento que me solicitaste amablemente la hora para iniciar la conversación, supe que eras especial.
Pero me lastimaste:
A pesar de haber sido especial, me hiciste muchísimo daño. Y no fue la acción en específico lo que la hizo tan dolorosa, sino que de ti esperé realmente que no me desilusionaras. Fuiste esa excepción a la que decidí lanzarme porque algo me decía que tú no ibas a ser como los demás… Me equivoqué.
Te di más de lo que merecías:
Dentro de toda esa ilusión que construiste con tus manos, te di todo de mí. Desde los más profundos secretos hasta el más puro sentimiento. La verdad es que no merecías ni una pizca de mi dignidad. Era notorio que tus “Te quiero” iban de la boca para afuera y que detrás de tu sonrisa se ocultaba un “Ya me cansé de ti”. Pero cuando nos enamoramos nos gusta creernos todo lo que nos dicen.
Me arrepiento de haberte perdonado tanto:
Y a pesar del daño te perdoné al menos una docena de veces. Y es que con algunas personas sentimos un magnetismo que nos lleva directo a la idiotez. Tú eras el epicentro de esa peligrosa atracción que me obligaba a perdonarte pues estaba aferrada a la idea de que era contigo con quien quería pasar el resto de mi vida.
Pero ya no me dueles:
Finalmente, quiero que veas esto no como una forma de meter el dedo en la herida, pues la verdad ya apenas queda una cicatriz. Solo es una forma de cerrar el ciclo a la que una vez me vi tan aferrada. Solo es una manera de decirte gracias, ya no me duele y aprendí de ti, que el amor por bello que se vea desde adentro, hay que juzgarle duramente desde afuera.