Desde pequeños nos crían con frases como “solo los débiles se dan por vencidos” o “nunca te rindas”. Este tipo de creencias dañinas muchas veces hacen que nos mantengamos en planes, trabajos o incluso relaciones donde no progresamos, estamos estancados y solo perdemos tiempo y energías en ello. Es importante reconocer cuándo es momento de poner fin a esos proyectos muertos, identificar si las cosas se volvieron obsoletas.

  • Efecto de los costos hundidos: muchas veces no queremos terminar algo por la inversión inicial que realizamos en ellos. Seguimos invirtiendo tiempo y dinero en ese negocio esperando a que podamos recuperar la inversión, pero solo conseguimos perder más. Mientras más gastamos, más difícil es convencernos a nosotros mismos de que es momento de abandonar.
  • Efecto de propiedad: tendemos a sobreestimar lo que poseemos o hacemos, y subestimamos las propiedades de otros. Por eso consideramos que nuestro negocio es el mejor solo porque es nuestro. Nuestros productos son más costosos o más valiosos que los demás. Esto nos da una visión subjetiva de nuestra meta, por lo que nos mantenemos en negocios fallidos que no tendrán el valor que nosotros imaginamos.
  • Ansias de heroísmo: dejar un trabajo extenso para última hora solo para demostrar que puedes hacerlo, seguir con un negocio prácticamente muertos solo porque tú puedes hacerlo todo, trabajar más que todos para que te vean como alguien superior.  
  • Efecto del status quo: realizar tareas o trabajos obsoletos solo porque “aquí se hace así, a esto estoy acostumbrado”. Muchas veces permanecemos en trabajos que no nos gustan porque “es lo que todo el mundo hace”.

Con esto no queremos decir que debes darte por vencido si algo no te sale como esperas, solo debes tomar en cuenta las señales para saber en qué momento detenerte. Recuerda que no eres un ser finito, tu tiempo, salud y dinero se acabarán en cualquier momento.