Un hogar saludable es quizás uno de los factores que más influyen para hacernos fuertes psicológicamente. También sucede lo contrario: un hogar enfermo nos pone mucho más vulnerables y propensos a enfermar, en la mente y en el cuerpo.
El hogar es el lugar en donde vivimos y podemos compartirlo con hermanos, amigos, padres, con mascotas y visitantes ocasionales. En este caso nos vamos a referir a esos hogares en los que existe convivencia, no a los unipersonales.
La calidad del vínculo que se construyan en ese hogar son determinantes para nuestra salud emocional. Siempre que haya convivencia, también hay problema. Pero en el hogar, particularmente, no deberíamos dejar que pasen algunas aptitudes que se pueden convertir en verdaderos venenos psicológicos.
“Los gritos convierten un hogar en un infierno”
Lo malo de los gritos es que empiezan siendo excepcionales, pero la tolerancia a estos se va flexibilizando y al final se vuelve en una costumbre; más si alguien los refuerza.
Ese gesto de gritar, que parece más irritable que ofensivo, inicia a incubarse un venenoso germen, el de la violencia. Los gritos transformar un conflicto normal en una situación que daña psicológicamente.
Hablar ligeramente también se puede volver en una magnífica costumbre. No gritar y no dejar que te griten fortalece la convivencia y te ayuda a aumentar tu estima, respeto y autocontrol.
“No separar los espacios personales: un gran error”
Buena parte de una saludable convivencia consiste en saber respetar los espacios de los otros. Cada persona debe tener un espacio personal y ser autónomo en él, confiando en que los demás no rebasarán ese territorio.
Con respeto a los espacios físicos también se aprende a respetar la privacidad de cada quien. Por más que se conviva con otros individuos, cada quien tiene su propia vida. Y solo se debe entrar en ese territorio psicológico de los demás si hay una invitación o un permiso para realizarlo.
“Recargar las tareas en los demás, un comportamiento tóxico”
Todo hogar tiene una serie de tareas que pueden no ser muy gratas, pero que es totalmente necesario de hacer. Se trata de las actividades domésticas. La convivencia será mucho más sana cuando se distribuyen las tareas de manera consensuada.
Es primordial que todos los miembros del hogar tengan una responsabilidad frente a este. Es una condición que promueve la solidaridad, cooperación y respeto. Facilita la vida para todos y le da valía a cada uno.
A veces se compara al hogar con un templo y esto no es gratuito. Si se honra, seguro que se transformara en una fuerza inspiradora que se proyecta en las otras zonas sociales en los cuales interactuamos. Si se descuida o degrada, puede volverse en el primer eslabón de una gran cadena de fracasos personales.
