Terminar una relación no es algo fácil, sobre todo cuando fuiste tú quien llevo a un barranco la relación. Sabemos que existen factores que transforman un amor que pudo ser para siempre en uno enfermizo y dañino. Y puede costar trabajo aceptar la responsabilidad.
Aceptar la responsabilidad duele, pero es necesario hacerlo. Se necesita ser valiente y tener coraje para entender que el problema eres tú. Te diré que no todo está perdido, no todas tus relaciones están destinadas al fracaso, solo será cuestión de poner detectar las señales de alerta y arreglar ciertos comportamientos para no hacer de tu relación, una relación tóxica.

- No asumes las responsabilidades
En las relaciones siempre hay discusiones, lo importante será saber cómo solucionarlas. Si eres una persona que nunca toma las responsabilidades de la situación, déjame decirte que estas en un problema. Nadie es perfecto, y es válido equivocarse. Tienes que aprender a identificar cuando la responsabilidad es tuya y saber disculparte por ello.
- Evitas la confrontación
La manera más sabia de arreglar un conflicto es hablando. Si te cierras a la posibilidad de hablar y prefieres fingir que no pasa nada, entonces algo anda mal. Expresar tus sentimientos y darle a conocer que es lo que te molesta puede resultar complicado, pero será necesario para lograr resolver la situación.
- Eres consciente del daño que haces
El peor momento se encuentra después de una discusión, cuando te das cuenta que acabas de lastimar a la persona que tanto amas. Sientes arrepentimiento y al mismo tiempo remordimiento, ya que descubres que en la relación existe una persona tóxica y esa eres tú.
- Cambiaste a tu pareja
Cuando queremos tener una relación, queremos que nos acepten tal y como somos, que no pretendan cambiar nuestros gustos y forma de pensar. El conflicto ocurre cuando tu pareja tiene ciertos patrones que no te termina de agradar, y así no le pidas con palabras que las cambies, tu actitud sí lo hará. Así que, empiezas a notar que él, ya no es el mismo. Se convirtió en un ser completamente distinto al que conociste.
- Tiendes culpar a tu pareja
Para ti, tu pareja siempre tiene la culpa de todo. Si llega tarde, lo culpas por impuntual, si olvido algo, lo culpas por su mala memoria. No te preocupa ponerte en sus zapatos y entender sus situaciones, y si él en alguna ocasión intenta reclamarte algo te las ingenias para cambiar los papeles.

- Eres manipuladora
Para ti no existe la opción de estar equivocada. Sabes que tienes talento para buscar que las situaciones que te colocan en una mala posición, se conviertan en situaciones en las que te favorezca y en las que casi siempre salgas ganando.
- Te enfocas en lo negativo
Tu pareja puede tener cientos de virtudes, puede amarte, respetarte y puede que sea detallista, pero si comete un sólo error es suficiente para menospreciar sus virtudes. El problema será cuando la relación termine, te darás cuenta de lo que despreciaste por encontrar el lado negativo a cada situación.
- Te conviertes en víctima
Si en alguna ocasión aceptas la culpa y la responsabilidad de algo que hayas hecho mal, buscarás la manera de quedar como la víctima y lograrás que se compadezca de ti. Prefieres provocar lastima en vez de aceptar con madures las consecuencias.
- Siempre buscas su aprobación
Siempre buscas conseguir su aprobación por la razón de que te vas vuelto dependiente de su cariño y sus palabras, querrás que siempre te esté diciendo lo mucho que te ama y aun así cuestionas cada detalles, dudas de sus buenas intenciones y pides explicaciones que no son realmente necesarias.
- No eres capaz de terminar la relación
Ya no existen lo buenos momentos, todo eso ha quedado atrás. Ahora estar justos se ha vuelto un tormento total. Sin embargo, no tienes el valor suficiente de abandonar la relación, te preocupa el hecho de quedarte sola, así que prefieres ahogarte en el sufrimiento en vez de buscar tu verdadera felicidad.