Te escribe, te llama, te habla bonito y desaparece, así, como por arte de magia.
Te deja en un limbo de dudas que hace preguntarte ¿Qué diablos quiere?
Porque incluso cuando tienes la iniciativa de hablarle primero, quien te responde es el silencio y la indiferencia.
Y así va, pasa el tiempo y sigue con estas conductas de desinterés que desmotivan y desilusionan.

Lo peor del caso, es que, para llegar a ese punto, decidieron darte alas para que volaras y te sintieses “Querida”. Y no es hasta que estás muy alto, que deciden arrancarte las alas con su estúpida conducta.
Cuando vas cayendo, te preguntas ¿Qué hice mal? ¿Qué cambió? ¿Por qué ya no me trata como antes? Y no es hasta que golpeas la cara contra el pavimento, que él o ella deciden responder.
Ya cuando tienes el corazón desecho y las ganas de seguir queriendo por el suelo.
Ya cuando tienes las maletas en la puerta.
Ya cuando has decidido por cual camino escapar.
Ya cuando te han perdido es que reaccionan. Es en ese instante que parece que la atención vuelve y la necesidad de tenerte cerca reaparece.
Ya cuando es muy tarde para dar marcha atrás, es que se dignan a intentar cuidarte, en un intento desesperado por arreglar todo lo que estropearon con su maldita indiferencia.

Es ese momento el que pone a prueba la fuerza de tu dignidad y amor propio.
Es ahí cuando debes tomar la decisión de sucumbir al deseo y el anhelo que ya murió, o dejarle en claro que, si no te valoran, te pierden para siempre.
Es ahí cuando estas personas, saben la verdadera consecuencia de no haberte cuidado cuando debieron.