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Yo también tengo a un hijo en el cielo, y un vacío en el corazón.

Posted on July 27, 2019 by admin

En la vida, hay que pasar por situaciones muy duras y fuertes, que por más que pase el tiempo, la superación no se logra al 100%, y nuestra alma y corazón sigue teniendo una herida tan fresca, que al recordar lo sucedido vuelve a doler como el primer día.

Y entre tantas situaciones difíciles, a las cuales nos enfrenta la vida, está la pérdida de un ser querido, de un hijo… Y es que perder un hijo es como que nos arrancaran una parte de nosotros, un dolor tan desgarrante, que no tiene consuelo alguno, y por más que en cierto momento llegue la aceptación, siempre habrá un dolor con una emoción negativa.

Por este motivo, presentamos una dolorosa carta, dirigida a un angelito en el cielo, escrita por su madre.

“La vida no te dice que hay lecciones que te arrancan el alma, que las madres nunca están preparadas para decirle adiós a un hijo. Yo también tengo un hijo en el cielo.

Aún recuerdo lo frágil que se sintieron sus piececitos, eran tan suaves, que me daba miedo tocarlo y lastimarlo. Sus ojitos se asomaron ligeramente, no podía con el peso de sus párpados y para mí, la manera en que movió su boquita de un lado, fue la sonrisa más bonita que ha recibido una madre. Sí, yo también tengo un hijo en el cielo y una llaga en el corazón.

Porque uno no piensa en el mañana, aunque nos digan que la vida no es comprada. Uno se enamora, se pierde en la idea de que un pequeñito está revoloteando en el vientre, en imaginar su carita, ¿a quién se parece? La mente es tan soñadora, que hasta ves el momento en el que cumple sus sueños, en el que crece y tú estás ahí, con un poco más de canas y arrugas, pero siempre ahí.

Nadie te dice que ser mamá es un arma de doble filo, que te envuelve en un amor que no conocías, tan genuino y libre, tan intenso y tan doloroso. Ninguna madre está preparada para despedirse de un hijo. Mi embarazo parecía normal, el vientre cada vez estaba más abultado y no veía la hora de tenerlo entre mis brazos.

La verdad, es que no me daba miedo eso de que mis noches cambiarían para siempre y que la preocupación se convertiría en mi mejor compañía. Hice todo lo que pude, me cuidé, comí sano, me mantuve tranquila, pero…no importó.

Yo también tengo un hijo en el cielo y una llaga en el corazón. ¿Cómo le haces? La vida te da la oportunidad de experimentar el miedo de traer un hijo al mundo, de sentir su corazoncito latiendo junto al tuyo, de olfatear ese olor tan peculiar y de robarte el alma con solo verlo.

Y si alguien me pregunta, fueron las horas más hermosas de toda mi vida. Fue un momento lleno de paz. Entonces, lo arrullé, despacito con la misma canción con la que acariciaba mi vientre cuando él estaba.

Pasé mi mano una y otra vez sobre su cabello, lo besé, suave, no quería lastimarlo, se me estaba yendo y aunque el corazón parecía rasgarme las entrañas, me mantuve fuerte, no quería llorar, no quería despertarlo.

Mi bebé, poco a poco, sus latidos disminuyeron, se veía tan dulce dormido, hasta que pasé mi mano cerca de su nariz y ya no sentí su airecito. Se me fue y, aunque quise gritar con rabia no lo hice. Quería que me pasaran su ropita, lo vestiría de blanco y le pondría la medallita que le compré.

Las horas pasaron y era tiempo de decirle adiós, de ver cómo batallaron para encontrar una cajita de su tamaño. Me dolía el cuerpo, pero no se comparaba con el dolor de mi alma. Me levanté y estuve ahí con él, hasta el momento de despedirlo. No pude evitarlo, el llanto me ganó y grité tan fuerte, tan triste, tan lastimada, vi como la tierra cubrió su cajita y quería ir con él.

Me tuvieron que tomar con fuerza, hasta que me calmé y solté la última rosa blanca. Sí, yo también tengo un hijo en el cielo y una llaga en el corazón que no se cura, que pasan los años y sigue doliendo igual, que se apodera de mis lágrimas y que muchas veces me hace preguntarme por qué.

Y es que nadie está preparada para enterrar a un hijo, por eso admiro a todas las que han vivido algo igual, porque son madres valientes, que aunque una parte de su alegría se apagó, luchan día a día por sonreír”.

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