La tecnología ha pasado a ser una gran protagonista en la actualidad, en donde muchas personas agradecen de su existencia, mientras que otras temen de ella, pues se ven sumergidos o agobiados ante tanta tecnología. Sin embrago, a la tecnología a la que hay que temer es a la tecnología que puede posibilitar el hackeo del cerebro.
Aunque suene un poco ficticio, el hackeo del cerebro, en cierta medida, ya es posible. Normalmente, se tiene la creencia del libre albedrío, asumimos que nuestros sentimientos y pensamientos surgen de la libertad individual y, por tanto, también nuestras acciones. Sin embargo, esta idea es falsa.
Existen muchos condicionantes que van a determinar cómo pensamos, sentimos y actuamos.
Las decisiones que tomamos van a depender de condiciones biológicas y sociales que no podemos controlar.
Si valoramos las decisiones que tomamos en el día a día, nos daremos cuenta de que la mayoría escapan a nuestro control. En consecuencia, no decidimos libremente qué pensar, qué sentir ni qué querer. Existen unas limitaciones.
Esta creencia en el libre albedrío tiene una gran consecuencia. Si las empresas o gobiernos logran hackear el cerebro, aquellos más fáciles de manipular van a ser quienes creen en el libre albedrío.
Así, a fin de conseguir el hackeo del cerebro, se necesitan tres cosas: sólidos conocimientos de biología, muchos datos y una gran capacidad informática. Con estos tres elementos sería posible predecir las decisiones que tomamos e incluso manipular nuestros sentimientos.
Las fake news o noticias falsas son otro caso de libertad coartada. Cuando leemos una noticia que es falsa, sin saberlo, y nos la creemos vamos a pensar que somos libres de creerlo o no. Pero la verdad es que alguien nos ha hackeado. La persona que ha creado la noticia está hackeando a nuestro cerebro para que creamos que algo falso es verdadero. De esta forma es posible hackear el cerebro.
De forma más elaborada, con toda la información que compartimos en las redes sociales se pueden crear algoritmos que predigan nuestras preferencias. En base a esas preferencias pueden crear noticias falsas que van en línea con lo que pensamos. De esta forma, se pueden crear mensajes falsos personalizados, los cuales pueden llegar a ser muy convincentes.