Aunque la historia del Titanic es la más conocida, otras travesías se saldaron con cientos de muertos por una serie de infortunios que quizás hoy se hubiesen podido solventar con los grandes avances tecnológicos que existen en la actualidad. Aquí algunos de los grandes naufragios de la historia:
- El incendio del general slocum: La tragedia que más muertes causó en la ciudad de Nueva York (EE.UU.) fue el incendio del barco de vapor General Slocum. El 15 de junio de 1904, la iglesia luterana St. Mark de Lower East Side alquiló la embarcación para navegar hasta Long Island, donde iban a celebrar su picnic anual.
Pero no llegaron a su destino. Al poco de zarpar, se originó un fuego en la sala de iluminación. De las 1.388 personas que viajaban a bordo, 1.021 fallecieron ahogadas en el río o por las llamas.

- La tragedia del Titanic: Este quería pasar a la historia por ser el mayor barco del mundo, pero lo hizo por algo mucho más trágico: chocar contra un iceberg en su viaje inaugural, cuando realizaba la ruta entre Southampton (Reino Unido) y Nueva York dejando 1.514 fallecidos de las 2.223 personas que viajaban a bordo.

- El bombardeo del Lusitania: El buque viajaba de Nueva York a Liverpool (Reino Unido) y en la costa de Irlanda fue bombardeado por el sumergible en una maniobra militar que, según muchos, aceleró la entrada de Estados Unidos a la contienda. De las 1.198 personas que perdieron la vida, 128 eran estadounidenses.
- Los arrecifes y el príncipe de Asturias: El buque español Príncipe de Asturias se hundió cerca de las costas de Brasil el 5 de marzo de 1916, cuando cubría la ruta Barcelona-Buenos Aires. Lluvia, niebla, viento y un mar picado le fueron empujando hacia los arrecifes de Punta Pirabura, contra los que chocó sin poder esquivarlos. Fallecieron 457 personas de las 600 que viajaban a bordo.
- El ‘Titanic’ de la armada sueca: A algo más de media milla náutica de su punto de amarre y tan solo 15 minutos después de levar anclas, se hundió ante la mirada incrédula de los habitantes de Estocolmo, que abarrotaban el puerto de la capital sueca.
Pensado para transportar 145 marineros y 300 soldados, el Vasa alcanzaba los 63 metros de eslora y podía desplazar más de 1.200 toneladas gracias a 10 grandes velas. Inicialmente, solo iba a portar una hilera de cañones, pero el rey ordenó añadir una doble fila (en contra de la opinión de los ingenieros), hasta albergar 64 cañones de bronce.
El día de su botadura una ráfaga de viento lo escoró y el agua penetró por los huecos de la improvisada hilera de cañones: en cuestión de minutos, el Vasa se hundió a más de 30 metros de profundidad. Murieron al menos 30 de sus 200 tripulantes.
Después de más de 300 años en el lecho marino, en 1961 fue reflotado tras una larga y complicada operación. Ahora está en el célebre Museo Vasa de Estocolmo, y es el único barco del siglo XVII que ha llegado prácticamente intacto a nuestros días.