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Nadie está obligado a permanecer al lado de alguien que no le hace feliz.

Posted on May 2, 2019 by admin

A veces, hacemos cosas sinceramente no quisiéramos hacer, sin embargo, las hacemos porque pensamos que forman parte de nuestras obligaciones. Karen Horney ya habló de la tiranía de los «deberías».

Los deberías son aquellas verbalizaciones en forma de orden que nos decimos a nosotros mismos. Suelen ser producto de la socialización o la educación y nos motivan a actuar contra nuestros valores o intereses.

Librarse de estas auto obligaciones no es nada fácil: suelen estar muy arraigadas en nuestras creencias y el solo hecho de plantearnos no seguir estas inclinaciones produce disonancia cognitiva; un estado en el que reina la incomodidad, producto de intentar encajar dos piezas que no tienen aristas compatibles.

Decir o sentir que alguien no nos quiere es señalar un espacio muy amplio. Lo que sí es importante es establecer algunos límites, ya que estas relaciones suponen un obstáculo para nuestro bienestar.

La psicóloga Silvia Congost nos aconseja taparnos los oídos y observar qué ocurre. Es fácil decir con palabras a alguien que le queremos y también tentador creerlo sin más. Si hay palabras de amor, pero no hay acciones que delaten ese cariño, quizás estemos simplemente ante un engaño.

Existe algunos límites innegociables por los cuales no estaría mal marcharnos de las relaciones. Además de ellos, existirán otros que serán personales de cada uno. En este sentido cada cual tiene que ver, con el corazón en la mano, hasta dónde cree que sería lógico soportar a quien nos daña.

Los límites que no tendrían que rebasarse son los siguientes:

  1. Cuando nos maltratan: Tanto a nivel físico como psicológico, en el momento en el que hay un maltrato, sería conveniente irnos de esa relación. No nos referimos solamente al ámbito de la pareja, si no a cualquier relación interpersonal, aunque sea la familia. Un maltrato es una forma de hacer al otro creer que es alguien inferior.
  1. Cuando nos ignoran: Ignorar a alguien que se supone querer es otra manera de maltrato. Es darle la espalda al otro, haciéndole sentir de nuevo por debajo. Es importante que la víctima no se deje llevar por la idea de «es que esta persona es así, es su forma de comportarse» porque eso la anclará en la esperanza del cambio o en restarle importancia al vacío que está sufriendo.
  1. Cuando nos humillan: Hay personas que se ríen en público de otras o hacen chistes sobre su aspecto físico o su forma de hablar. A veces, estas humillaciones no son en público, sino en privado. Sea de la forma que sea, no tendríamos que permitir que nadie nos humille debido a que nuestra autoestima está en juego.
  1. Cuando nos anulan: No solo es necesaria la libertad, sino también lo es la sensación de libertad. Por eso, quien quiere bien no solo no limita la libertad más allá de lo razonable, sino que también procura que se tengas la sensación de tenerla.
  1. Cuando nos coartan la libertad: La libertad es uno de los bienes más preciados. Tenemos que sentirnos libres de decidir qué pensar, cómo vestir, qué amigos escoger o en qué ciudad vivir. Permitir que alguien tome estas decisiones significa ceder el poder que nos configura, que de manera genuina es nuestro.
  1. No es una obligación: No está escrito en ninguna parte que se tenga que permanecer al lado de quien no nos quiere bien. Quizás sí lo contrario, y romper con la inercia que impide que cortes esa relación.
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