¿Alguna vez has escuchado a alguien decir que, al irnos al más allá, nada de lo que tenemos en vida nos seguirá hasta la tumba?
Esa es una de las afirmaciones más difíciles de aceptar en la humanidad. Dirás “Pero es poca la gente que realmente quieren ser enterrado con sus pertenencias”. No me refiero a eso, me refiero a que muy pocas personas aceptan realmente que lo que tienen en vida, realmente les pertenece más allá de esta.
Tenemos la potestad de que nuestras riquezas materiales sean heredadas por otra persona. Podemos traspasarlas de generación en generación, pero más allá de ello, lo único que realmente es de nosotros de una manera íntima y profunda, es el alma, los recuerdos y la experiencia.
Si hay vida más allá de esta, quizá esta sea nuestra única riqueza. Por ello, el perfeccionar el alma se vuelve tan importante para algunas culturas. Por ejemplo, quienes creen fervientemente en la vida del más allá, trabajan arduamente para que su espíritu esté puro y se preocupan más por vivir experiencias que por tener cosas.
Por otra parte, reciente estudios científicos de psicólogos, han comprobado que las personas más felices son las que invierten su dinero en viajes y experiencias.
De nuevo, es lo que nos da una riqueza espiritual lo que nos acerca cada vez más al concepto de la felicidad.
No hay que dejar de lado el tema material, pues la felicidad no es ajena al tener este tipo de riquezas y filósofos como Tomás Caldera lo respaldan.
Hablan de la felicidad como el perfecto equilibrio de la tenencia material y espiritual.
Así que, recuerda que lo que te llevarás a la otra vida, si hay una, no será dinero, sino el recuerdo de aquellas personas que te amaron, las experiencias buenas y también, las cosas malas.