Hay personas que demuestran el amor por medio de enormes regalos. Otros, por pequeños detalles diarios.
Hay quienes prefieren cuidar atentamente a la persona que tienen al lado y otros, simplemente usan el afecto corporal constante para sustituir los “te amo”.
Además el amor es algo relativo. Depende de cada persona y no hay manera mala de demostrarlo, solo debemos hallar a quien lo hace justo como nosotros queremos o, en cualquier caso, aceptar que la persona que tenemos a nuestro lado, le amamos incluso cuando la forma de querer es totalmente distinta a la nuestra.
Esta esfuma de las cosas más maravillosas que tiene el amar, que podemos encontrar el cariño en un sinfín de matices que siempre, de manera honesta, nos harán sentir queridos.
El problema radica cuando realmente no existe un intento por demostrar cariño o, sentimos que la manera de amar de la otra persona, es insuficiente para nosotros.

Es importantísimo que, al inicio de cada relación, nos aseguremos de que la persona que tenemos a nuestro lado, se sienta en armonía con la forma en que nosotros le damos nuestro amor y viceversa.
De no ser así, puede que durante unos meses y, en el peor de los casos, durante algunos años, lo soportemos y digamos “No puedo hacerle daño”; “No puedo abandonarla”. Pero, a medida que crece el tiempo, esa paciencia y entendimiento se deteriora porque no hay un amor dentro de nosotros con el cual soportar todo ello.
Es el amor lo que nos hace tolerar, aguantar y seguir adelante. No basta con sentir compasión para permanecer al lado de alguien, de hecho, eso sería una forma indirecta de hacerle daño.
Hay que soltar esos amores que de entrada no nos convence del todo, porque a largo plazo, nos harán sentir vacíos e incompleto y siempre vamos a querer algo más y lo buscaremos en otras personas, terminando así, de partirle el corazón a quien tenemos a nuestro lado.
