Hay personas que, en definitiva, el poder les queda grande. No saben lidiar con él y sienten aires de grandeza al tener en sus manos, riqueza o responsabilidades.
El poder tiene que ir de la mano con la responsabilidad, de lo contrario, puede causar daños a quienes estén bajo la influencia de aquellos que tienen el control.
Solo los líderes verdaderos, saben cómo lidiar con el poder para que este no les domine. El poder es un valioso recurso en manos sabias y puede ser el puente para la prosperidad de los seguidores.
Hay personas que tienen poder y se hacen admirar por la manera en que lo administran, así como hay quienes se hacen odiar por la manera en que abusan de manera descarada de él.
Presidentes, sobre todo latinoamericanos, son un claro ejemplo de ello. También, lo podemos ver a un nivel mucho menor, en las instituciones públicas de los estados, donde las personas a cargo, se sienten con el control suficiente para decidir quien tiene y quien no, los beneficios que deben darse a la ciudadanía por LEY.

Es nuestro deber permanecer atentos a estos comportamientos, denunciarlos y protestar por aquellos que tienen más poder del que pueden controlar.
Y, es precisamente porque los buenos no hacemos nada, que los malos toman el poder y se autoproclaman líderes de las patrias.
Venezuela, Argentina, Chile, Cuba, México y otros países latinos, han sido testigo de ello. Somos la generación de ahora, la de relevo, la que tiene la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos a cómo defender nuestros derechos para que, unos pocos con ansias de poder, no nos aplasten por andar ciegos de avaricia.
Recuerda que, el poder solo se sube a la cabeza cuando esta está vacía.