Muchas veces cuando una persona decide marcharse, nos encontramos en una situación en donde comprometemos más aun nuestra integridad, puesto que no conforme con que nos ha tocado desprendernos sin quererlo de una persona, nos exponemos al sufrimiento tras un poco de aceptación de la realidad, al pretender que ese individuo continúe ocupando un área en nosotros inclusive sin saberlo.
Nos torturamos investigando sobre su vida, preguntándole a conocidos, observando a cada minuto sus redes sociales, procurando ridículos encuentros que aparenten casualidad, mientras que intentamos sabotear su vida y lo más lamentable de todo, mientras malgastamos nuestro tiempo en quien por alguna razón u otro tipo de motivos ha decidido marcharse de nuestro lado.
En la vida debemos aprender a perder y aun cuando no estemos de acuerdo, sintamos que no es el momento, cuando creemos que somos la mejor alternativa para una persona, debemos dejar nuestro ego a un lado y aferrarnos a la dignidad.
Todos deseamos ser completamente aceptados y el hecho de que una persona que de alguna modo se nos acercó en algún momento, decida fácilmente marcharse puede volverse en un reto, que sentiremos ganar solo cuando esa persona recapacite e inclusive se arrepienta de haberse distanciado.
Si invertimos esa gran cantidad de tiempo y energía en saber, en participar, en sabotear o en conseguir formas correctas o no de que esa persona nos extrañe, sin duda nos hace falta una revisión profunda de pautas de merecimiento y de amor por uno mismo.
Si alguien se quiere ir de tu vida, ábrele la puerta, ese ser se marchara, pero contigo se quedará tu dignidad. Veras que poco a poco todo sanará y más pronto que tarde le abrirás las puerta a una mejor experiencia y sorpresivamente la mejor es la que nos llevara en hallarnos a nosotros mismos.