Cuando una relación se somete a algo de tiempo y de confianza, por lo general se empieza a presentar otras facetas hasta el momento desconocidas y no se quiere decir que lo que se ha visto en un comienzo sea un engaño o una fachada, solo ha correspondido al cuidado, que por lo normal damos en el proceso de seducción, de enseñar de nosotros lo mejor.
Cuando las personas se calman y se sienten más a gusto con quien tienen junto a su lado y a su vez consiguen esa seguridad de no sentirse en una etapa de prueba, sino haber tomado espacio en la vida de quien le importa, pueden dar muestras con mayor sencillez y naturalidad de sus maneras menos agradables.
Al estar unido con alguien que observando lo peor de nosotros aún permanece junto a nuestro lado y no pretende transformando, sino en apoyarnos en nuestros procesos, que trata de enfocarse siempre en lo que ha logrado enamorarlo, en los detalles que se añaden y aportan, es cuando nos damos cuenta de que estamos bien cerca de conseguir ese amor incondicional, que no nos somete a un patrón o a un cumplimiento de expectativas para permanecer, para querer o brindarnos lo mejor de sí.
Claramente no podemos abusar de los afectos, debemos respetar a la otra persona, más aun si es una persona que amamos y primordialmente si aun conociendo nuestro lado menos amable es capaz de renovar a cada instante sus intenciones de permanecer.
No consiste en una prueba de aguante con quienes se cruzan por nuestra vida, sencillamente consiste de valorar a quien teniendo la libertad de escoger, sin presiones, limitaciones, decide estar a nuestro lado con la versión de uno mismo.
Toda persona tiene cosas que gusten y disgusten, pero a pesar de no ser obligados de alguna manera a generar ningún cambio y que lo ideal sería que fuésemos aceptados tal cual somos. Pero podemos decir que los cambios positivos siempre podrán ser bienvenidos.