Cualquier persona en el mundo se merece un amor que nos ame tal cual somos, un amor con el que no tengamos la necesidad de colocar escudos para esconder nuestras angustias, miedos, profundas debilidades, ese amor que nos de tranquilidad, que nos de paz, pero que al mismo tiempo nos de la fortaleza para enfrentar las cosas las cuales no podemos cambiar, ese alguien que nos impulse a emprender el vuelo, nos enseñe a utilizar la alas, a amar en libertad.
Todos merecemos un amor, que nos vea como si no hubiese otra persona más en el planeta, que nos cubra de besos, que nos haga olvidar de las dificultades, de los defectos que muchas veces generan inseguridad.
Necesitamos a una persona que nos haga sentir que incluso imperfectos, somos perfectos cuando nos queremos.
Merecemos un gran amor que no tenga ninguna duda, que sepa muy bien que a nuestro lado es el mejor lugar y que sepa que aunque halla mil mundos, nuestra casa es su único hogar.
Esa persona que haga de nuestro planeta un lugar mejor, un pequeño rincón en el cielo solo para los dos, que no tenga temor de segundar nuestras locuras, ni de pensar en las ideas que a primera impresión podrían parecer faltas de cordura.
Todos merecemos a un ser que nos ame tal como somos, con quien podamos compartir el tiempo, incluso cuando se trate de momentos muy tensos, alguien que nos tenga fe, que crea en la grandeza de nuestras posibilidades, de nuestros sueños, de nuestras ganas de crecer.
Merecemos andar con una persona que este enamorado de nuestra sonrisa, alguien con quien compartir el llanto, pero también la felicidad, alguien que sepa bien hacer olvidar con besos la rabia, alguien que regrese para platicar luego de una pelea, alguien que sepa pedir perdón cuando ha actuado de manera incorrecta.