Cuando aprendes que lo único que puedes llevarte a la otra vida es todo aquello que has vivido.
Cuando entiendes que lo plástico, la carne, el oro y demás banalidades no te siguen al siguiente plano existencial.
Cuando aceptas que la verdadera vida tiene un propósito mucho más grandes que obtener riquezas, entonces, empiezas a vivir realmente.

Muchos filósofos concuerdan en que la felicidad se compone de un armonioso equilibrio entre lo material y lo inmaterial, cuestión que es cierta. Pero, la felicidad verdadera prevalece más allá de la vida.
Lo inmaterial se debe componer por vivencias, experiencias y riquezas emocionales. Todas estas conforman un cúmulo de recuerdos que te servirán de luz para guiarte en las sombras cuando tu tiempo acá se acabe.
Cuando por fin entiendes que el vivir es la mayor riqueza que puedes obtener, empiezas a realmente hacerlo.

Vivir es complicado, y esto se debe a que la mayoría de las personas se concentran en precisamente entender la vida y no en vivirla.
Vívela plenamente, arriésgate, conoce, viaja, ríe, llora, pelea, discute, habla, ama, supera, aprende, crece y fortalece tu espíritu. Al final, lo único que podrás llevar en la maleta en el viaje hacia el otro lado, serán recuerdos, amor y aprendizajes. Asegúrate que tu corazón esté lleno de todo ello, porque eso será un viaje solo de ida.
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