Por medio de la neurociencia se comenzó a resolver y a hallar los circuitos neuronales y el funcionamiento del cerebro con conexión a las emociones. Las emociones ya no solo eran reacciones automáticas sino que comenzaron a destacar en la parte científica al momento de investigar las aptitudes humana.
En ese entonces se empezó agarrar fuerza el pensamiento de que es necesario iniciar a instruir a la sociedad en la habilidad de identificar, entender y gestionar las emociones para prevenir que se transforme en emociones reprimidas que oriente nuestra aptitud.
Es por eso que hoy en día es muy importante conocer nuestras emociones reprimidas, ya que esta implica conocernos personalmente, permitirnos la oportunidad de identificar qué sucede en nuestro interior para gestionarlo y actuar a favor de lo que sintamos.
“Entender las emociones reprimidas es conocer nuestra identidad”

Las emociones reprimidas son aquellas que no deseamos escuchar o a las que les damos poca importancia; pero sin embargo, son las que mayor fuerza obtienen y las que acaban conduciendo nuestras aptitudes y pensamientos.
Conocer nuestras emociones nos brinda la oportunidad de entender por qué actuamos de una forma u otra. Cada uno filtra los sucesos en función de sus sentimientos, por ello que cada una actúa de manera diferente. Nuestras experiencias nos conllevan a observar el mundo de un modo especial y original. Cada situación desarrolla en nosotros crea una emoción diferente y es por eso que reconocernos nos lleva a entender el cómo actuamos.
Una investigación elaborada por la Universidad de Stanford con referencia de las emociones, desveló que los sujetos con tendencia de reprimir sus sentimientos, reaccionan con una activación fisiológica ante momentos desencadenantes que otros que, ejemplo, presentaban ansiedad o enojo.
Por eso aquellos individuos que no demuestran sus emociones o se les hace difíciles de hacerlo, generan problemas somáticos tales como: tensiones musculares, dolor de cabeza, reacciones dermatológicas o enfermedades más complejas. Sus sentimientos se tornan y encuentran el camino de canalización por técnicas menos funcionales para nosotros.
“La memoria de nuestro cuerpo y nuestra mente”
En algunas situaciones reaccionamos de una forma que nos deja sorprendidos. Esto pasa por la memoria de nuestras experiencias, las cuales presentamos algunas veces de forma consciente y otras de modo inconsciente. Cuando reprimimos los sentamientos no filtramos y permitimos que se entren en nuestra memoria sin darnos cuenta.
Si no sabemos reconocer las emociones, después no podremos gestionarlas y conducirlas. Por eso el primer paso que se debe dar es atender a las emociones y darles voz cuando deseen hablar. Si no hacemos este paso, estaremos reprimiendo, dejando que actúen de forma solitaria y de manera autónoma.
Cuando conocemos qué está pasando es cuando podemos generar forma y comprender por qué pasa así. En el momento que oigamos, estamos en la total disponibilidad de entender y manejar nuestra aptitud, para así actuar de una manera integrada y entendible. Realmente, solo cuando le debes la voz a los sentimientos reprimidos, damos el paso para conocernos nosotros mismos.