Lo tienes preciso, no es necesario que otra persona te lo aclare, tú lo conoces, pero te quedas ahí, insistiendo, lamentándote por el tiempo y las energías invertidas, negándote en aceptar que estar unos minutos más solo es la peor decisión.
No interesa lo que leas, lo que observes, lo que sientas, un fragmento de ti se resiste y se sostiene al pensamiento de obtener la solución que deseas, mientras el otro busca ya soltar e iniciar. Trata por unos minutos de silenciar tu orgullo, de no pensar en las opiniones que te dirán, de no sentir que estás perdiendo un desafió, trata solo por un momento de captar qué es lo que le dará serenidad a tu vida.
“Agarrarnos de esas cosas que no nos hace bien, puede ser lo peor para la vida”
Si logras silenciar tu mente, podrás sentir en lo más profundo que el fluir con la situación es lo más saludable, comprenderás que no te estás dando por vencida, solo estás aceptando que no se puede manejar todo y eso es algo excelente.
Sencillamente el hecho de forzar termina por aislarte, desgastarte y erosionarte y cuando soltamos y paramos de hacer fuerza, obtenemos lo que estábamos procurando. Pero tengamos una compulsión obsesiva con esta probabilidad, ni soltemos buscando ese final… Hay momentos que ocurre, pero en otros momentos nuestra vida toma una dirección diferente que no tiene nada que ver con aquello que nos proponemos y que eliminamos, y en la gran mayoría de los casos, resulta increíble.
Los seres humanos somos de naturaleza controladora, impacientes, planificados y varias veces inflexibles, algunas veces no nos damos la oportunidad de ver las ventajas de soltar, porque no lo realizamos. Podemos quedar aferrados a una situación por un largo tiempo, perdiendo en si momentos valiosos de nuestras vidas, solo por decir que no nos daremos por vencidos, por reafirmar nuestro ego y con propiedad de expresar: de mí no quedará.
La vida es más fácil, más tranquila. La naturaleza nos comenta de ello, solo tenemos que mirarla en acción, cómo corre el río por su cauce, cómo algunos árboles se doblan por el viento, cómo la serenidad reina en la caza… Mientras más observemos, más podemos comprender que resistirnos no es el camino adecuado.
Al no ser flexibles nos pone en una posición de peligro en quebrarnos, el desear hacer que algo se ajuste donde no va, termina por ocasionarnos un daño, el agarrarnos de algo que no nos genera un bien, nos distrae del verdadero propósito, el cual esta centrado en el bienestar y en la felicidad de uno mismo.