Mi major amiga siempre hace lo mismo cada mañana. Al escuchar la alarma de las 7 am. La apaga para seguir durmiendo hasta despertar desesperadamente minutos después. Desde que se levanta anda preocupada de que pueda llegar tarde al trabajo… Otra vez.
En esos 40 minutos que tarda en arreglarse, corre desesperadamente por su departamento intentando hacer todo al mismo tiempo, maldiciendo y quejándose siempre de quedarse dormida, como todos los días. Aunque la mayoría del tiempo llega temprano al trabajo, toda su mañana la pasa estresada por el innecesario retraso producido por no levantarse.
Cada vez que hablamos sobre sus hábitos, siempre llegamos a la misma conclusión: Ella no está siendo inteligente. Una persona realmente inteligente, crea una rutina diaria y la sigue al pie de la letra, esto para tener todo su día bajo control. Una cosa es saber que tienes un mal hábito, y la otra es que decidas cambiarlo. Pero ya dejemos de analizar a mi amiga, y mejor veamos cuales son esos malos hábitos que una persona, verdaderamente inteligente, no tiene.

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No vacilas en tu rutina matutina.
Piensa en esto, tienes que ir a trabajar a la misma hora todos los días, ¿Por qué deberías saltarte una rutina que te obligue a cumplir con tus labores matutinas para llegar temprano al trabajo? Posiblemente, estés cansada en algunos días, y eso es entendible, y todo lo que quieras en ese momento sea descansar, pero aún así, la disciplina impulsada por la inteligencia, nos obliga a ser realmente responsable con el cumplimiento de las tareas autoimpuestas.
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No dormir pocas horas.
Alguien con disciplina, también sabe que el descanso es indispensable para el desarrollo de una mente sana y fuerte. Por ende, el sueño es algo con lo que no se juega, y para mantenerse atenta durante el día, procurará dormir las 8 horas que por derecho le corresponden.
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No descuida su salud.
Por otra parte, alguien inteligente sabe que, sin salud, no hay nada. El cuidado de su salud mental y física es indispensable para la solución de sus problemas laborales y personales, por los que toma su salud muy en serio.
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No creer que lo sabes todo.
Pensar que lo sabes todo no es solo una falta de inteligencia, sino también, de humildad. Solo la humildad es capaz de darnos a nosotros el impulso para aceptar que otras personas, saben más que nosotros sobre algún tema al respecto, y es a partir de esta humildad, que logramos aprender de los demás.
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Sabes escuchar.
Así como la humildad es la capacidad de reconocer que otras personas pueden enseñarnos cosas que nosotros no sabemos, el escuchar es la capacidad de entender. Quien no entiende, no aprende, y el que se niega a aprender, no es inteligente.
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No te mientes a ti misma.
Finalmente, las mujeres realmente inteligentes, nunca se mienten a si mismas. Ellas reconocen sus defectos, y justo por eso, tienen la facilidad de decidir arreglarlos para ser mejores personas. Pero no se enfocan en ellos, sino en la solución de los mismos así como la solución de todos los problemas que les rodeen.