No es nada sencillo poder curar esas heridas profundas que tenemos en el alma. Muchas veces nos cuesta más de lo esperado para curarlas, pero al final con mucho esfuerzo lo conseguimos, todo depende del control que tengamos sobre las emociones y nuestra actitud ante los cambios. Existirán heridas más graves que otras, pero debemos pensar si queremos vivir nuestra vida sumergida en el dolor constante o si queremos aceptar las cosas y seguir con nuestras vidas.
¿Qué hacer?
Debemos pensar bien si tiene solución o no, estar dispuestos a realizar el cambio o a aceptar y perdonar. Todo esto no sale de forma instantánea, toma tiempo para poder realizar aquello. Recuerda que si recordamos cada rato lo que ha pasado, no vamos a salir de ese círculo vicioso que lo único que hará es complicarlos la solución. Está bien tener un tiempo de duelo; llorar y pensar profundamente. Pero también es bueno que reflexionemos sobre ello para salir adelante. Es bueno pensar “Ok, estoy decepcionada, dolida y herida; pero tengo un camino por delante que debo comenzar para dejar de sentirme así”; este es el primer paso. Tomar la iniciativa de sentirnos bien, salir adelante y dejar todo lo que nos hizo daño atrás. Hay que tener fuerza de voluntad y desear que las cosas cambiaran.
Tener voluntad y motivarnos
Sería bueno levantarse temprano, salir a caminar, ir al mar, respirar aire fresco. Ocupa tu mente en otras cosas, haz un alto en tu día para evaluar las cosas maravillosas que te rodean. Aléjate de las personas negativas. Haz relaciones nuevas llenas de entusiasmo y alegría, ten en cuenta que tú decides cuando quieres dejar el dolor.

Llevamos una mochila de experiencias que por mucho que intentemos obviarla, está ahí
Uno debe estar orgulloso de la mochila que llevamos, aunque en algunas ocasiones repercute en nosotros, es mochila tiene más sabiduría sobre ti que cualquier libro y que cualquier opinión. Todas experiencias conforman lo que eres ahora, sintiéndote a veces felices y otras veces desdichado.
Podemos creer que sólo son cicatrices, pero en algunas ocasiones vuelven a abrirse porque su naturaleza es hacer una llama de atención, porque quizás ese daño se está reproduciendo otra vez en la vida.
Por ello, existen muchas heridas que vamos curando pero que no siempre terminan de cicatrizar, eso es para recordarnos que alguien o algo nos lastimó y que jamás vamos a dejar que lo hagan, porque ahora somos fuertes y no nos engañaran nuevamente.