Tratamos de entender a esa persona que no tiene los requisitos suficientes que buscamos en alguien a quien amar, tratamos de entederle, porque aún no comprendemos como, por alguna razón, coincidimos con ellos.
“Entre el deseo y la realidad hay un punto de intersección, el amor”
Octavio Paz
En ocasiones, las ganas que tenemos de enamorarnos suelen ser tantas, que cuando ese anhelo se vuelve realidad, es normal que nos invada la duda y el miedo. Nos preguntamos si esto que sentimos ahora será solo pasión, si esa persona es la indicada o si nos estamos enamorando de verdad.
Como sea, empezamos a pasar por acciones y cosas que nos hacen creer que este sentimiento no es real. Resulta tan fácil y repentino que posiblemente nosotros mismos boicoteemos nuestro derecho ser amados y a amar. A veces, pensamos en rendirnos y sucumbir al miedo y la duda, porque sería mucho mejor negar el miedo que entregarnos a la lucha que supone amar a otra persona.
Esto de amar en guerra, parece un tema romántico que nos hace preguntarnos ¿Amamos a la persona o son solo las circunstancias? O, quizá, ¿El amor será que está jugando a nuestro favor, y se muestra a disposición y por ello sentimos que su aparición es casi mágica?
Quizá en un inicio, la palabra “amor” sea muy grande y nos asustemos. Pero, seamos valientes, que amar es sinónimo de ver al otro tal y como es, y nada más. Por ello, cuando alguien se nos presenta desnudo, desprovisto de artificio, tal y como es, sin la piel y solo con el alma, nos quedamos anonadados, porque solo con los ojos del amor, somos capaces de ver tras la piel. Y así, nos confundimos al no comprender como alguien, que en un inicio parecía no tener lo necesario para conquistarnos, resulta ser la persona a la que podemos ver con el corazón, tal y como es.
Entonces, cuando logramos asumirlo, ese sentimiento raro se apodera de nosotros y nos hace actuar como idiotas. Nos percatamos de que enamorarnos nos transforma, hace que la piel reacciones ante su presencia y que nos volvamos vulnerables ante las palabras y el tacto de esa persona. Al mismo tiempo, nacen otras dudas, como si somos realmente merecedores de ese amor que nos dan, o si nos seguirán queriendo luego de que conozcan nuestros defectos, o si se espantarán por ellos.
Es posible que de tanto pensarlo, estemos enredándonos la vida todavía más. Y que cada afirmación que se haga se vuelvan interrogantes, sospechas que nacen de la intriga. El otro, a quien hemos visto desnuda, también quiere amar, pero somos nosotros los que colocamos los obstáculos con nuestra mente y miedo.
Finalmente, te das cuenta de que no se trata de las circunstancias, ni del momento adecuado ni del segundo perfecto para expresar lo que sientes. No se trata de si es mejor ahora o luego, o si estás listo mañana o quizá en unos 20 años. Se trata en realidad de que, si amas a alguien de verdad, el momento será ahora, porque con el amor podrás superar tus propios obstáculos y dejar el miedo atrás, demostrándote que las circunstancias perfectas para entregarse, las creas tú.