Como partidario de la honestidad y la verdad y todas sus respectivas consecuencias, creo firmemente en que aquellas relaciones que crean sus bases en una mentira, por pequeña que sea, está destinada a destruirse.
Es la verdad la mayor aliada de la confianza, y si esta falta, no hay manera en que una relación prevalezca. Una mentira puede permanecer como un germen dormido por mucho tiempo, pero eventualmente, hará metástasis, se extenderá por la confianza y acabará con ella, haciendo que el amor se deteriore desde adentro.
Una mentira puede poner en duda toda una relación que te dio sensación de seguridad. Si vas a mentir, miéntele a la muerte y el tiempo y aprovecha vivir cada minuto al lado de esa persona que te regala su parte más honesta y sincera.
La verdad puede mostrarse como una acción y no requiere gritarse a los 4 vientos. Hay verdades que no requieren ser dichas y que su silencio no afectará a nadie. Es justo eso lo que NO hacen las mentiras. Una mentira oculta en silencio, puede matar desde la oscuridad al ser descubierta.
La mentira no contribuye nada bueno, no suma ni añade nada interesante. Lo único que quita es confianza. El sembrar desconfianza en una relación, puede darse de manera involuntaria por medio de una mentira dicha hace mucho tiempo y que creíamos que no tendría ningún efecto, hasta que de pronto algo ocurre y la revive, la saca a la luz y desmorona toda la confianza en la que se sostiene el amor.
El amor se sostiene por tres cosas: Cariño, tolerancia y confianza. Si esta última cae, la pareja se vuelve intolerable y el cariño se deteriorará, para que, consecuentemente, el amor muera.