Siempre serás demasiado bullosa para cierta persona. Demasiado callada, demasiado hiperactiva o demasiado aburrida. Serás demasiado sencilla o demasiado elegante, así como será demasiado metiche o demasiado indiferente. Siempre serás demasiado esto y demasiado aquello, pero, siempre serás demasiado especial para la persona que te ama de verdad.
Debemos conseguir a alguien a quien no le resultemos demasiado buena o demasiado mala. Hay que buscar a alguien a quien le resultemos especial, equilibrada y diferente. A alguien que pueda ver en nosotros aspectos que quizá nadie más ve y que, a raíz de ello, decida mantenerse a nuestro lado.
No busquemos personas a las que le resultemos demasiado amorosas o independientes, porque si somos amorosas pueden verlo como si fuésemos empalagosas, y si somos demasiados independientes, pueden verlo como si fuésemos demasiado indiferentes y desapegadas. No digo que cambies por otras personas, digo que consigas a alguien que logre ver en ti, no a los “demasiados”, sino a las realidades.
Consigue a alguien que halle en ti, a lo que eres en realidad, ni demasiado esto, ni demasiado lo otro, sencillamente, que consiga lo que tú eres y, de aceptarlo, podrás tener a tu lado a una persona que sabe amarte. Porque amar se trata de reconocer las virtudes y los defectos y a la persona tal cual y como es, y reconocer se trata de aceptar y conocer, y aceptar y conocer se trata de aprender a valorar sin intentar cambiar lo que tienes ante tus ojos… En otras palabras, busca a alguien que sea demasiado realista como para darse cuenta de que así, tal cual como eres, resultas especial.