Aunque sea difícil de aceptar, la vida que tenemos hoy, es producto de nuestras propias decisiones, sea para bien o para mal. Cuando las cosas marchan bien, solemos jactarnos de nuestras decisiones y nos sentimos orgullosos de nosotros mismos, pero, cuando se tornan difíciles, empezamos a buscar culpables y de no conseguirlos, decimos “esto ha sido un mal día”.
Le responsabilizamos las malas cosas al “año”, como si los días tomasen decisiones por nosotros. Por supuesto, existen factores externos que nos pueden ayudar a alcanzar nuestras metas o a alejarnos de ellas, pero lo que determina que nuestro año fue bueno, no es si tuvimos menos o más obstáculos, sino la manera en que los superamos. 
Hay que apreciar nuestra realidad, pues somos arquitectos de ella. Desde las acciones hasta nuestro pensamiento, todas y cada una de las cosas que hagamos o dejemos de hacer, forman un bloque que será parte de aquella realidad que estamos creando.
Para este nuevo año, procura aclarar tu propósito de vida de la mejor manera y trata de recordar que hay uno que los une y supera a todos. El mayor de los propósitos es ser felices. Puede que suene como un cliché, pero el hombre nace con la “búsqueda de la felicidad” como un propósito genéticamente incrustado.
Siempre haz el bien para alcanzarlo, eso te mantendrá como una persona auténtica y te asegurará de que una vez que alcances la felicidad, no saldrás de ella. Por último, recuerda que la felicidad es 80% actitud y 20% metas. Ten una actitud alegre ante la vida, convéncete a ti mismo de querer ser feliz, y nadie podrá impedir que lo seas.