El silencio es una de las formas más claras de hablar. Se presta para muchas interpretaciones, pero la mayoría de ellas suelen ser acertadas. El ser humano se comunicaba al inicio por medio de gestos y señas. El lenguaje corporal va incrustado en nuestro ADN y es la manera más honesta de expresión actual y antigua.
No hay manera en que lo que se diga con una mirada o un gesto en el rostro, se preste para malas interpretaciones, pero, hay que prestar atención y entender dichos gestos pues, de no saber leer el silencio, podremos entender cosas que no son.
El silencio da respuestas claras cuando es acompañado de una mirada punzante o alegre. No hace falta que alguien te diga cuan furioso está cuando su entrecejo está apretado. La tristeza, por otra parte, es una emoción difícil de detectar cuando no hay lágrimas de por medio.
Cuando decimos algo que lastima a otra persona y recibimos como respuesta un profundo silencio, tenlo por seguro que le has roto un pedazo dentro de sí. Hablemos siempre que podamos, pero aprendamos también a interpretar el silencio de los demás.
A veces, los gestos dicen mucho más que las palabras, por eso, hagamos más caso a una lágrima en un rostro, una mirada perdida y un silencio frio. Comprendamos el silencio y no nos hará falta ningún tipo de explicación.