Nunca me cansaré de llevarte el desayuno a la cama y de exigir un abrazo cuando esté falto de cariño.
Nunca dejaré de decir “te amo” cuando me sorprendas con un beso de esos que saben a ti y llevan tu nombre en todas partes.
Nunca intentaré cambiarte, porque así, justo como te conocí, es que me enamoré de ti.
Nunca me cansaré de decirte lo hermosa que te ves, incluso cuando sientas que estás en tus peores días.
Nunca dejaré que sueltes mi mano si aún queda algo dentro de ti que se mueva por mí.
Nunca te insistiré cuando quieras hacer algo que no te guste y nunca dejaré de disculparme cuando te haga enojar, porque nunca prevalecerá mi orgullo por encima de mi amor por ti.

Nunca te pediré nada a cambio más que tu tiempo, comprensión y tolerancia.
Nunca tendré miedo a caminar por rumbos desconocidos, siempre que sea tomado de tu mano y nunca me daré por vencido si en esos caminos caigo, porque sé que tú me ayudarás a levantarme.
Nunca dejaré de enamorarte a diario.
Nunca dejaré de enamorarme de ti.
Nunca dejaré de creer que en ti es que hay mi mejor futuro y nunca dejaré de pedirte que me acompañes a descubrirlo.
Nunca, pero nunca, dejaré de amarte como lo hago ahora.